Ken Niimura, un dibujante de manga con sangre española

Cuando descubres que el nombre completo de Ken Niimura es “José María Ken Niimura del Barrio” te das cuenta de que no estás ante un mangaka convencional. Ken Niimura, de padre japonés y madre española, nació en Madrid en 1981 y vivió en España hasta que terminó la carrera de Bellas Artes y decidió emprender rumbo a Tokyo para hacerse un hueco en la competitiva cuna del manga.

El pasado jueves 20 de octubre me acerqué al castizo Palacio de Cañete para escuchar a Ken Niimura, el dibujante de “Soy una matagigantes” y “Japonés en viñetas”, dos obras que por razones diferentes me habían cautivado. La Fundación Japón organizaba la conferencia en colaboración con Casa Asia, y David Jiménez – experto en manga y creador de “Ramen para dos”, un blog especializado en manga, anime, videojuegos y cultura japonesa – actuó como moderador.

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A lo largo del evento, que se desarrolló en formato de entrevista, Ken Niimura nos habló de su infancia y juventud en Madrid, su paso por París, su vida diaria en Tokyo, su método de trabajo o la forma de trabajar en las empresas japonesas.

Ken Niimura y David Jiménez, a quienes les une una buena amistad desde hace años, conversaron durante casi hora y media con la misma naturalidad de quien se encuentra sentado en el salón de su casa. Juntos repasaron la obra de Ken, desde sus comienzos hasta sus últimos trabajos, mientras proyectaban imágenes de ilustraciones de Ken.

Durante la conversación, Ken Niimura habló con detalle de “Soy una matagigantes” (2008), una obra que en un principio pasó casi desapercibida por los aficionados del manga, pero que poco después obtuvo un merecido reconocimiento internacional. El guión es de Joe Kelly, un guionista de Marvel y DC que había trabajado para X-Men, Action Comics y JLA, y cuya vida se cruzó casualmente en España con Ken Nimura durante una convención de cómics. De aquel encuentro surgió el compromiso de dar vida a Barbara Thorson, la niña solitaria y de imaginación desbordante que se enfrenta a un gigante aterrador. Ken, que tardó más de un año en realizar los dibujos, decidió utilizar el blanco y negro, frente al color característico de los cómics americanos, y le otorgó a la protagonista un look otaku, creando para ella originales sombreros con orejas de animales. “Soy una matagigantes” fue nominada en 2010 en los Premios Eisner y en 2012 obtuvo el Premio Internacional de Manga, que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón. Según el propio Niimura “Soy una matagigantes es una obra que trata sobre la capacidad para superar cualquier problema u obstáculo”.

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Ken Niimura también nos habló de otras de sus creaciones, como “Spicy Tuna”, una obra donde, en un alarde de osadía, una tuna española protagoniza ni más ni menos que un manga.

Fue sin duda una conferencia llena de sentido del humor y que nos mostró el lado más humano de un dibujante de manga.

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Japan Weekend 2016, una cita con el Japón más loco y divertido

El fin de semana pasado no pude resistirme y me fui con mi hija Isabel al Japan Weekend, un evento que se celebró en Madrid los días 24 y 25 de septiembre. Es el primer año que asisto y os aseguro que no será el último.

El Japan Weekend es un evento dedicado al manga, el anime, los videojuegos y la cultura japonesa, y se celebra cada año en cinco ciudades españolas en diferentes fechas: Barcelona (12 y 13 marzo), Madrid (24 y 25 septiembre), Granada (1 octubre), Bilbao (22 octubre) y Valencia (26 y 27 noviembre). Para ser rigurosos, en Granada y Valencia se celebra realmente el Salón del Manga, pero los dos eventos están hermanados.

Durante los dos días que duró en Madrid el Japan Weekend se celebraron concursos de cosplay, torneos de videojuegos, talleres de cultura japonesa, conferencias, coloquios, concursos de karaoke. No faltaron tampoco los puestos de ramen, donde se formaban colas interminables, ni la firma de autógrafos de famosos cosplayers, ni demostraciones de aikido sobre el tatami.

Creedme, he asistido a muchas ferias en Ifema, y os aseguro que nunca había visto a un público tan entregado. Muchos de los asistentes llegaron disfrazados de sus personajes favoritos para participar en los concursos de cosplay.

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En la edición de este año los invitados fueron ChiNoMiko, creadora del videojuego “Corazón de Melón”; Thomas Astruc, creador y director de “Prodigiosa; Las aventuras de Ladybug” y colaborador en series como Code Lyoko, W.I.T.C.H o Totally Spies; Toshihiro Kawamoto, conocido por su trabajo en animes como Cowboy Bebop, Golden Boy, Wolf Rain, Sword of the Stranger, Noragami y Noragami Aragoto; Carlos Largo, reportero de Cuarto Milenio que presentó la conferencia “Misterios de Aokigahara: el bosque de los suicidios”; Geheichou, el cosplayer español con mayor número de seguidores (en Instagram tiene más de 140.000), Liui Aquino, famoso cosplayer filipino; Yaya Han, cosplayer norteamericana afincada en Atlanta con 441.000 seguidores en Instagram; y Twinfools y Nova, miembros del grupo canadiense de cosplay Fighting Dreamers Productions.

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Los espacios del Japan Weekend incluían stands dedicados al manga y al anime, zonas que rebosaban merchandising, paneles de cosplay, escenarios, tatamis para exhibiciones de artes marciales, puestos de ramen, juegos para aprender japonés, mesas donde se celebraban torneos de videojuegos, exposiciones, etc.

Sin duda fue un fin de semana muy friki y comprobé en vivo y directo la enorme cantidad de seguidores que tiene el manga en Madrid. ¡Hasta el año que viene!

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El menú típico japonés y su presentación

La cocina japonesa es una de las más exquisitas y variadas del mundo. Los chefs más prestigiosos del mundo miran siempre hacia Japón para inspirarse y diseñar sus nuevas propuestas. ¿Pero cuál es la composición de un menú japonés tradicional? ¿Cuales son sus platos principales?

Para el gusto occidental la comida japonesa resulta muy decorativa a la vista, una herencia más de la cultura zen, pero también puede resultar un tanto escasa para los apetitos más voraces. La razón puede estribar en la famosa discreción japonesa, y en concreto, en la norma que considera de mal gusto servir comida hasta llenar el cuenco. Es una cocina elegante, sencilla y natural, y a la vez sabrosa, nutritiva y sugestiva.

washoku-sushi La composición del menú típico japonés se ha mantenido inalterable desde hace cientos de años, a pesar de los cambios en las costumbres que ha ido experimentando la sociedad nipona. A diferencia de Occidente, donde las comidas se sirven sucesivamente de plato en plato, el menú japonés se presenta todo de una vez en varios platos pequeños.

El menú tradicional japonés se basa en la formula “Ichiju san-sai (一汁三菜)”, que significa “una sopa + tres platos”. En otras palabras, el menú japonés se organiza alrededor de una sopa, un plato principal (shusai) y dos platos de acompañamiento (fukusai). A estos tres platos hay que sumar el omnipresente cuenco con arroz blanco y un platito de verduras encurtidas (konomono). De esta forma, si queremos preparar un auténtico  menú japonés necesitaremos 6 piezas por cada comensal: 2 cuencos, 3 platos y 1 platito.

La composición

El plato principal suele elaborarse a partir de carne, tofu o pescado, se acompaña de verdura, y debe aportar la base principal de proteína. Por su parte, los dos platos de acompañamiento deben estar formados por verduras preparadas de forma distinta a la verdura que se sirve como guarnición en el plato principal.

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Por ejemplo, éste podría ser un típico menú japonés:

Sopa de miso:

Elaborada con miso (una pasta aromatizante fermentada, compuesta de semillas de soja, cereales y sal marina), dashi (caldo de pescado), tofu, asura-age (tofu frito cortado en finas tiras), alga wakame seca y puerro.

Arroz blanco:

Se le conoce como “gohan”, que es sinónimo de “comida”. El arroz es como el pan para los españoles. Debe servirse cocido y en su punto.

Sashimi de atún

Atún crudo cortado en finas tiras, acompañado de salsa soja, wasabi (un condimento picante japonés) y rábano daikon rallado.

Ensalada de wakame

Elaborada con alga wakame, sésamo, pepino, salsa de soja y zumo de limón

Berenjena frita con salsa de miso

Berenjenas fritas y condimentadas con sake, mirin (vino de arroz), miso y sésamo.

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Tipo de tsukemono (vegetales encurtidos japoneses) que está elaborado con col ligeramente salada, mezclada con zanahorias, pepino, ralladuras de yuzu (cítrico japonés), alga konbu y especias japonesas.

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Nada en Japón se deja al azar, todo esta calculado. La presentación de los cuencos y platos debe seguir un orden establecido. Los palillos (Ohashi) – que deben estar apoyados en horizontal sobre el Hashioki, un pequeño soporte que evita que se ensucien y rueden por la mesa – tienen que estar muy cerca del comensal.

A continuación, a la izquierda debe situarse el cuenco de arroz, y a la derecha, el cuenco de sopa de miso. Detrás deberán colocarse los tres platos del ichiju san-sai, por ejemplo, el sashimi de atún en el centro, las berenjenas fritas a la izquierda y la ensalada de wakame a la derecha. Por último podemos ubicar el Hakusai no sokusekizuke entre los dos cuencos.

Los platos y los cuencos no deben llenarse completamente, sólo deben llenarse dos tercios, para no tapar por completo el diseño de la vajilla, que es una pieza muy importante del menú tradicional japonés.

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“Godzilla”, la película que dio origen a un mito de 45 metros de altura

“Godzilla” es una película japonesa producida por Toho Company Ltd. y dirigida por Ishiro Honda. Cuando se estrenó en Japón el 3 de Noviembre de 1954 nadie podía imaginar que “Godzilla” iba a convertirse en la primera de una de las sagas más prolíficas y famosas de la historia del cine.

La idea surgió de la mente del productor Tomoyuki Tanaka, que se inspiró en el éxito de películas estadounidenses como “King Kong” (1933) y especialmente “El monstruo de tiempos remotos” (“The Beast from 20.000 fathoms” – 1953), una cinta dirigida por Eugène Lourié, basada en un relato de Ray Bradbury y que contaba con los efectos especiales del maestro Ray Harryhausen.

Es importante situar el estreno de “Godzilla” dentro de su contexto histórico. Sólo nueve años antes, en 1945, Japón había sufrido los terribles efectos de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, que causaron más de 250.000 muertos. Durante aquellos oscuros años los japoneses estaban intentando reconstruir su país, devastado por la guerra, bajo la ocupación norteamericana y con la macabra huella de las dos bombas atómicas aún pesando sobre sus espaldas.

Dentro de ese contexto, era previsible que en la psique colectiva de los japoneses estuviera muy presente el miedo a una nueva y terrible amenaza de origen nuclear. El monstruo Godzilla – llamado “Gojira” en japonés, un nombre que fusiona dos palabras: gorira (ゴリラ) “gorila” y kujira (鯨, くじら) “ballena”, pues la primera idea de Tomoyuki Tanaka consistía en un híbrido de estos dos animales, materializó ese miedo a un nuevo ataque nuclear y constituyó la base para la creación de un mito que pudiera explicar ese miedo a las generaciones venideras de una forma sencilla.

Según el argumento de la película, unas explosiones atómicas realizadas en el mar habrían empujado hacia las costas japonesas a un animal gigantesco que había sobrevivido a los tiempos prehistóricos y que vivía oculto bajo las profundidades del mar.

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De hecho la película comienza con la misteriosa desaparición de un barco de pesca japonés llamado Eiko-Maru, una escena que seguramente se inspiró en el controvertido suceso del Daigo Fukuryū Maru (第五福龍丸), un atunero japonés que sufrió las consecuencias de la explosión de una bomba termonuclear de 15 Megatones lanzada por el ejército de EEUU en en el atolón Bikini, uno de los atolones que componen las Islas Marshall, situadas al sureste de Japón. La explosión desató una lluvia radioactiva que alcanzó a la tripulación del Daigo Fukuryū Maru, que estuvo expuesta durante varias horas a la radiación. Pocos días después, el barco arribó al puerto de Yaizu, en la costa oriental japonesa. Los 23 tripulantes del barco presentaban síntomas de envenenamiento agudo por radiación y seis meses más tarde, el radioperador jefe, Kuboyama Aikichi, falleció.

“Godzilla” pertenece al género Tokusatsu (特撮), que engloba todas las películas y series de TV realizadas con actores reales y que utilizan abundantes efectos especiales. Y dentro del género Tokusatsu, “Godzilla” pertenece a su vez al subgénero Kaiju-eiga (怪獣映画), que engloba a las películas de monstruos.

El director de efectos especiales Eiji Tsuburaya, junto al diseñador Akira Watanabe y el escultor Teizo Toshimitsu, dieron forma a la criatura que daba vida a Godzilla, partiendo de varias especies de dinosaurios.

La presión del calendario impidió que utilizaran la técnica de animación artesanal “stop-motion”, que con tanto éxito habían utilizado pioneros como Willis O’Brien, en King Kong, y sobre todo, Ray Harryhausen, que acababa de asombrar con los efectos especiales de “El monstruo de tiempos remotos”. Por eso el equipo de producción se decantó por disfrazar a un actor y crear maquetas de todos los escenarios que el monstruo destruye a su paso.

Godzilla in a scene from the film. © Toho Co. Ltd. ALL RIGHTS RESERVED

Godzilla in a scene from the film. © Toho Co. Ltd. ALL RIGHTS RESERVED

Pero “Godzilla” es mucho más que una película, es una historia que combina una dirección ejemplar de Ishiro Honda, un guión muy sólido, escrito por el propio Ishiro Honda, Takeo Murata y Shigeru Kayama, unos efectos especiales muy convincentes para la época dirigidos por Eiji Tsuburaya, una música soberbia de Akira Ifukube y un mensaje antinuclear que caló en los corazones de los japoneses.

Por eso no es de extrañar que Akira Kurosawa incluyera “Godzilla” en su lista de las 100 mejores películas de la historia del cine.

El monstruo “Godzilla” además de ayudar al pueblo japonés a exorcizar sus miedos, también representaba a Estados Unidos, un país, que, además de estar ocupando su territorio y después de haber lanzado dos bombas atómicas sobre su suelo durante la Segunda Guerra Mundial, todavía seguía realizando ensayos nucleares no muy lejos de sus costas, práctica que siguió llevando a cabo hasta finales de los años cincuenta.

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Lejos de ser un producto cinematográfico de segunda categoría, “Godzilla” se ha convertido en uno de los iconos más populares de la cultura de masas japonesa y también en una de las sagas más longevas que existen (hasta la fecha 31 secuelas). Además su imagen se explota desde entonces en todo el mundo a través de comics, libros, videojuegos, revistas y merchandising.

En EEUU se estrenó el mismo año, 1954, una versión de la película renombrada como “Godzilla: King of the Monsters”, a la que se añadieron nuevas escenas rodadas en inglés donde se mostraba a un reportero americano interpretado por Raymond Burr (Ironside), y en la que se censuraron todas las referencias a las bombas atómicas.

En España se estrenó poco después con el título de “Japón bajo el terror del monstruo”.

Pero “Godzilla” es mucho más que todo eso, “Godzilla” – y en esto se diferencia de sus secuelas – se ha convertido en un alegato antibelicista, una metáfora del horror atómico vivido por la sociedad japonesa a mediados del siglo XX, y ha ido ejerciendo a lo largo de los años una función sanadora sobre el pueblo japonés, liberándole de sus miedos más profundos.

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