Cata de Sake en el bar japonés Shuwa Shuwa

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El pasado viernes asistimos a nuestra primera Cata de Sake en el Bar Shuwa Shuwa de Madrid. Durante la cata probamos muchos de los 30 tipos de sake que presentaron las 16 bodegas japonesas que participaron en el evento. Mientras nos deleitábamos el paladar con tanta variedad de sabores y texturas, los representantes de las bodegas nos explicaban los detalles del proceso de producción de sake, la fermentación o su graduación. Es una suerte contar con nuestra amiga Hiroko para asistir a estos eventos. Su domino del español y su conocimiento de la cultura japonesa nos abre muchas puertas y nos permite sumergirnos en la comunidad japonesa de Madrid como si fuéramos uno más. Además, Hiroko nos sorprendió una vez más, en esta ocasión por sus conocimientos del mundo del sake.

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Las bodegas japonesas que participaron en la Cata fueron Ozeki, Gekkeikan, Okunomatsu, Otokoyama Honten, Fukui Shuzo, Naminooto, Katsuyama, Nanbu Bijin, Yaegaki, Tsukasabotan, Harushika, Koshinohomare, Umenishiki, Yoshinokawa, Shirataki y Kikusui. Los que las hayáis leído todas os merecéis un premio.

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El sake se ha convertido en un valor más de la cultura japonesa y cada día son más los Sake bars que se abren en capitales como Nueva York, París o Londres. Madrid se ha sumado a esta tendencia con Shuwa Shuwa, el primer bar de sake que ha abierto en España. Se encuentra entre el barrio de Chueca y la plaza de las Salesas, en la calle Conde de Xiquena, nº 12. Mayuko Sasayama, con quien estuvimos hablando durante un rato, es la kikisake-shi de Shuwa Shuwa, o lo que es lo mismo, la sumiller de sake.

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La graduación más frecuente en el sake es de 15º, aunque también se comercializan variedades con menor graduación, sobre todo con la intención de atraer al público más joven. Lo primero que nos sorprendió durante la cata fue la gran variedad de sabores y combinaciones que existen, superando con creces al vino. Las variedades van desde dulce, afrutado o espumoso al nigori, de aspecto lechoso. Incluso probamos una variedad llamada Ikezo, producido por la bodega Ozeki, que era espumoso y gelatinoso y se mezclaba con melocotón o Yuzu, un cítrico japonés. Su sabor y su textura eran sencillamente adictivos.

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Con nuestro catálogo en mano emprendimos la colosal tarea de probarlos todos y a medida que progresábamos en nuestro empeño, hablamos con más y más personas – japoneses, españoles, italianos, ingleses – con los que compartíamos espera frente a las mesas. El espacio que Shuwa Shuwa había dedicado al evento se iba pareciendo poco a poco al camarote de los Hermanos Marx. Empiezo a pensar que el orden japonés es sólo un mito… O quizás sea el maridaje que se produce entre Japón y España cuando asistimos a estos eventos.

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Para que aprendamos todos unas pequeñas nociones os enumero los tipos de sake que existen, tal y como aparecía en el catálogo que nos entregaron en la entrada:

Nama Sake

Sake sin pasteurizar. Sabor fresco.

Genshu

Sake sin agua añadida, tiene un sabor profundo e intenso. Es el de mayor graduación, entre 17º y 19º.

Nigori

Elaborado con moromi, la masa principal de sake (mezcla de hongo shubo-koji, arroz cocido y agua). Su aspecto es blanco, con fragmentos de arroz y algo cremoso.

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Koshu

Envejecido como mínimo durante 3 años. Aroma que recuerda a la madera, nueces y frutos secos.

Taruzake

Almacenado en barricas de madera de las que toma su fragancia.

Kimoto

Durante su proceso de producción se utiliza el ácido láctico que se encuentra en el aire. Su elaboración lleva el doble de tiempo que cuando se utiliza ácido láctico líquido.

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Sake carbonatado, deja una sensación parecida al champán.

Futsu shu

Sake que no ha pulido más del 70% o al que se le han añadido otros alimentos para darle sabor.

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Nuestra primera Cata de Sake fue una experiencia que superó todas nuestras expectativas y nos permitió adentrarnos en un mundo tan desconocido hasta ayer como apasionante a partir de ahora.

Os recomiendo pasaros por Shuwa Shuwa, es un lugar auténtico y regentado por gente muy simpática y atenta, como Mayuko Sasayama. Además organizan talleres y lo frecuentan muchos japoneses. Y si tenéis hambre, no os lo penséis. Nosotros, para combatir los efectos – extraordinarios, eso sí – del interés que habíamos derrochado durante la cata, decidimos saborear después unas tapas japonesas que fueron el acompañante perfecto de nuestro último sake.

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Por último, para los que tengáis Netflix y queráis saber más del sake, ahora están emitiendo el documental “The Birth of Sake”. No os lo perdáis. Aquí podéis ver el trailer.

Celebramos el Año Nuevo Japonés en la Fiesta Mochitsuki 2017

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La Fiesta de Mochitsuki congregó a más de mil personas en el Colegio Japonés de Madrid

El pasado domingo 15 de enero tuvimos la suerte de asistir en Madrid a la tradicional Fiesta de Mochitsuki que celebra la llegada de un nuevo año y en la que se preparan los Mochi, los famosos pastelitos de arroz glutinoso cuya masa se golpea una y otra vez hasta obtener esa textura gomosa tan característica.

Este año la Fiesta tuvo lugar en el Colegio Japonés de Madrid, ubicado en el barrio de El Plantío, a unos 9 kms de Moncloa, y una vez más estaba organizada por la Asociación de la Comunidad Japonesa de Madrid.

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En la entrada del Colegio Japonés esperaban cientos de personas

Al llegar, nuestra sorpresa fue mayúscula cuando nos encontrarnos en la puerta con una inmensa cola formada por cientos de personas que esperaban pacientemente para acceder al recinto. Es nuestro primer año y no nos imaginábamos una convocatoria tan numerosa. Por suerte la cola avanzó con rapidez y en menos de media hora ya pudimos entrar en el Colegio. Las medidas de seguridad eran enormes, no hay que olvidar que la Fiesta del pasado año se había cancelado debido al temor a un atentado terrorista tras los tristes sucesos acontecidos en París en noviembre de 2015.

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Dos jóvenes presentadores hicieron de maestros de ceremonias en la Fiesta Mochitsuki 2017

Después de superar los férreos controles de seguridad y tras presentar nuestras reservas impresas y abonar 5€ por cada entrada (los niños entraban gratis), pudimos por fin acceder a la puerta del gimnasio, donde en un mostrador pudimos comprar puntos para luego canjearlos por comida y bebida. Nos entregaron una carta con el menú para que pudiéramos calcular los puntos que íbamos a necesitar.

Dentro del gimnasio, dos canastas de baloncesto, una a cada lado, nos permitían calcular la superficie aproximada del recinto. No cabía ni una mosca, habría más de mil personas. En el lateral del fondo, se había levantado un gran escenario engalanado para la ocasión, y en el otro lateral y los dos fondos había numerosos puestos con comida, juguetes y algunos puestos que ofrecían demostraciones de caligrafía japonesa y origami. Frente al escenario habían dispuesto unas diez filas de asientos, y en el centro de la cancha se ofrecía una demostración de cómo se preparaba la masa de los Mochi, con varios jóvenes japoneses que invitaban al público a golpear la masa con los Kine, unos mazos de madera, sobre un Usu, un gran mortero de madera.

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La elaboración de la masa de los mochi es un proceso laborioso en el que pudo participar el público asistente

Entre el publico, formado por niños, jóvenes y adultos tanto japoneses como españoles, se encontraban numerosas personalidades como el embajador de Japón, Masashi Mizukami, y representantes de instituciones japonesas, como Kubo Toshihiro, director del Colegio Japonés de Madrid, la Asociación Japonesa de Madrid y Yoshida Shoji, director de la Fundación Japón.

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Tuvimos el privilegio de que nos escribieran “Japonko” en katakana

En los puestos pudimos comprobar la presencia de restaurantes como Ginza, Donzoko, Kokoro y Yoka-Loka, y tiendas conocidas como Tokyo-Ya, donde nos encontramos con nuestra amiga Amelia. Después de esperar una larga cola para adquirir unos Yakisoba, comprobamos con cierta frustración como se agotaron poco antes de alcanzar nuestro preciado destino y tuvimos que improvisar un plan B con unos deliciosos Yakitori. Y de postre, por supuesto, no podían faltar los omnipresentes Mochi.

Sobre el escenario se iban sucediendo diversas actuaciones musicales, artísticas, deportivas e incluso humorísticas. Asistimos por primera vez a un partido de Hanetsuki, una especie de bádminton japonés sin red que sólo se juega en Año Nuevo, cuyas raquetas llamadas Hagoita, son verdaderas obras de arte, y en el que al jugador que falla un punto se le marca con una tira negra en la cara.

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El koto es un instrumento de cuerda introducido en Japón desde China durante la Era Nara (710-793)

También disfrutamos con una demostración de Taiko a cargo de un grupo formado exclusivamente por mujeres. El Taiko es el famoso gran tambor japonés que se toca con unas baquetas de madera denominadas bachi, y que produce un efecto hipnótico al que es difícil resistirse. Escuchamos también un recital de Koto, el arpa japonesa, un hermoso instrumento de cuerda de origen chino, que consiste es una caja de resonancia rectangular, de madera de kiri de unos dos metros de longitud, con trece cuerdas y dos aberturas en la parte posterior.

La Fiesta de Mochitsuki fue una nueva oportunidad para vivir en primera persona la cultura japonesa y para comprobar lo vivo que está Japón en Madrid. Para nosotros La Fiesta de Mochitsuki supuso una nueva inmersión en la vida japonesa, aunque esta vez, dada la enorme afluencia de público, podemos decir que fue un auténtico baño de masas. ¡¡El año que viene seguro que volvemos!!

“Earth & Sky”, la primera exposición individual en España de Naoaki Sakamoto

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Por primera vez llega a España una exposición individual del artista japonés Naoaki Sakamoto, experto en la creación de obras sobre Nihon-shi (papel tradicional japonés).

Naoaki Sakamoto nació en 1948 en la prefectura de Ibaraki, situada a 122 kilómetros al noreste de Tokyo. Desde hace décadas, Sakamoto lleva experimentando con el Nihon-shi, soporte que empezó tiñendo para más tarde dibujar sobre él.

Desde hace siglos el papel tiene constante presencia en la vida japonesa, tanto en el arte como en la religión o la actividad doméstica. Tiras de papel blanco cuelgan para indicar la cercanía de un santuario, un árbol o una roca sagrada.

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El papel llegó a Japón procedente de China a principios del siglo VII y lo introdujeron los monjes budistas, que lo empleaban para escribir sutras (textos que describen enseñanzas para alcanzar la iluminación). Alrededor del año 800 ya era conocida la maestría de los japoneses en la fabricación artesanal de papel.

En 2014 la UNESCO declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el arte tradicional japonés de fabricación de papel.

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El budismo Zen ejerció una poderosa influencia en el trabajo de Naoaki Sakamoto. La meditación y la contemplación de la naturaleza inspiraron al artista pera crear paisajes abstractos basados en su interpretación de los entornos naturales que contemplaba en sus viajes por todo el mundo.

La exposición “Earth & Sky” de Naoaki Sakamoto que hemos podido contemplar en la Galería Michel Soskine incluye 20 obras sobre papel en dos tamaños verticales tradicionales japoneses: 181 x 66 cm y 100 x 74 cm.

En sus paisajes abstractos, Naoaki Sakamoto utiliza pinceles de crin, tinta china y pigmentos naturales, junto con materias primas como polvo de piedra, cenizas y rastros vegetales, que se incrustan en el papel.

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Bajo la influencia del Budismo Zen, Sakamoto intenta crear paisajes utilizando los medios más sencillos y sutiles, buscando siempre la esencia de la realidad como base de sus obras. Según sus propias palabras “No sólo el papel, también el sol, a veces la lluvia y el rocío de la mañana contribuyen a la aparición del color. En el transcurso del tiempo, todos los elementos alrededor de los pigmentos y del papel – incluido yo – participan y aparecen en el papel como un patrón”.

La obra de Naoaki Sakamoto se ha expuesto anteriormente en Copenhague, Tokyo, Sidney, Camberra, Sao Paulo, Youngwai e Ibaraki

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Kansho, los jardines de contemplación japoneses

El pasado 4 de enero nos acercamos a la Biblioteca Municipal Iván de Vargas para asistir a la conferencia “Kansho. Jardín y paisaje en el templo budista japonés”. La conferencia fue impartida por Joaquín Rodero (Sevilla, 1964) licenciado en Filología Hispánica y coordinador de actividades de la Asociación de Cultura Japonesa WAKEI.

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Cartel de la conferencia “Kansho. jardín y paisaje en el templo budista japonés”

El trabajo de Joaquín Rodero está muy unido al de la Dra. Teresa Pérez – que además es la autora de las más de 70 fotografías que se proyectaron durante la conferencia – con la que imparte conferencias sobre los jardines japoneses desde hace más de dos años.

Asimismo Joaquín Rodero lleva diez años estudiando Caligrafía Japonesa y ha publicado numerosos artículos sobre música y estética oriental, impartiendo cursos y conferencias.

Durante el inicio de su conferencia, Joaquín Rodero explicó las diferencias entre los tres grandes tipos de jardines japoneses: los jardines de contemplación (kansho), los jardines de paseo y los jardines de navegación. Los kansho son unos jardines presentes dentro de muchos templos budistas que empezaron a construirse durante el Periodo Heian, entre los años 794 a 1185, y cuya construcción se desarrolló durante las eras Kamakura, Muromachi y Momoyama y el periodo Edo.

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Su finalidad combina la estética con el recogimiento espiritual y su contemplación persigue alcanzar un estado de quietud que acerque a los creyentes budistas a la iluminación.

A diferencia de los jardines occidentales, los jardines japoneses no intentan alterar la naturaleza con diseños programados o formas artificiales, sino que buscan crear espacios naturales para su disfrute y contemplación. En los jardines japoneses, por ejemplo, son tan importantes las rocas como las plantas. Esa veneración se debe a la influencia de la religión sintoísta, que cree que en las rocas también habitan los kami, los espíritus que están presentes en la naturaleza. La composición que forman las rocas dan lugar a bellezas como las cascadas secas, que simulan auténticas cascadas de agua.

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En los jardines kensho conviven la gravilla, las rocas y las plantas con las colinas, ríos y montañas adyacentes, constituyendo un conjunto completamente integrado en la naturaleza que se contempla en diferentes planos sucesivos, que se delimitan con barandillas o islotes, que actúan como intermediarios y cuyo objetivo es unir los planos y no separarlos.

Los jardines kensho pueden contemplarse en numerosos templos budistas, pero también en hogares. Los japoneses adoran contar con jardines en sus casas, incluso en los pisos diminutos de las grandes ciudades como Tokyo u Osaka, donde muchos suelen crear mini-jardines en las ventanas o sobre las mesas.

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En los hogares más lujosos, los jardines suelen estar conectados con la vivienda a través de paredes correderas realizadas en papel que al abrirse muestran los jardines como si fueran pinturas tridimensionales que se contemplan desde el interior.

A lo largo de la conferencia, Joaquín Rodero ilustró su exposición con numerosas fotografías de jardines de Japón realizadas por Teresa Pérez.

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