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“Un asunto de familia”, la nueva obra maestra de Kore-eda

Hirokazu Kore-eda vuelve a adentrarse en el complejo universo de las relaciones familiares con “Un asunto de familia”, una película que visibiliza ese Japón oculto que parece inexistente incluso a los ojos de millones de japoneses. Se trata de un Japón donde los protagonistas son pobres, marginados, parados, jóvenes con trabajos precarios y de dudosa reputación, estafadores, incluso criminales. Los personajes de “Un asunto de familia” son ovejas descarriadas que no tienen sitio en una sociedad opulenta e hiperconsumista. 

La familia de la nueva película de Koree-eda no es una familia convencional, ni siquiera es una familia en su sentido más estricto, pero sus miembros parecen cuidarse y respetarse de forma sincera. Sin embargo, en la nueva película de Koree-eda nada es lo que parece y sus personajes transitan con soltura de la ternura a la mezquindad, o de la sordidez a la abnegación. Exactamente igual que muchas familias tradicionales y auténticas.

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Los valores familiares se van desplegando a lo largo de la película a través de las relaciones de un grupo formado por un padre, una madre, una abuela y tres hijos. Sin embargo, desde el principio algo indica que no estamos ante una familia tradicional y que todos los personajes esconden una realidad turbia e inconfesable.

Hirokazu Kore-eda lleva veinte años hurgando en las relaciones familiares en busca de respuestas para desentrañar su propio pasado. Su originalidad inagotable como guionista convierte las historias de Kore-eda en sesudos experimentos que auscultan el alma humana y ofrecen una imagen bipolar de la sociedad japonesa. Por un lado, un Japón reconocible, delicado, educado y sensible; y por otro, un Japón hostil, implacable, terrible y perverso.

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“Un asunto de familia” consigue envolver con ternura una realidad descorazonadora. Los personajes de la nueva película de Kore-eda intentan sobrevivir con la mayor dignidad posible dentro de una sociedad que les ignora, pero pese a todo sueñan, sonríen, juegan y se aman a su manera.

“Un asunto de familia” entronca con películas anteriores de Kore-eda, como “Nadie sabe”, “De tal padre, tal hijo”, “Nuestra hermana pequeña”, “Still Walking” o “Después de la tormenta”. En todas ellas los personajes, seres desvalidos, a veces acorralados por la soledad y la desesperanza, intentan encontrar sentido a sus vidas a través de la familia. La mirada poética de Kore-eda ilumina la vida de esos seres maltratados por una sociedad cada vez más desalmada y a los que nadie parece querer prestar atención.

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Según el propio Hirokazu Kore-eda, la historia de “Un asunto de familia” se le ocurrió cuando escuchó la noticia de que muchas familias japonesas seguían cobrando la pensión de sus padres después de que estos fallecieran. En Japón el cobro fraudulento de una pensión se castiga con mucha dureza, pero pese a ello cada vez son más las familias que recurren a esta treta. A Kore-eda le empezó a obsesionar la existencia de vínculos que, a la hora de formar una familia, fueran tan fuertes como la sangre o el amor.

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En palabras de Koree-eda “la película trata de la historia de un hombre que quiere ser padre y de un niño que deja de ser niño”. Su habilidad para retratar personajes es envidiable, sin juzgar, sin sensiblerías, sin forzar las situaciones para manipular al espectador con trucos fáciles de narrador avezado. “Un asunto de familia” es una película que muestra la realidad tal y como es, aunque se trate de una realidad que no queramos ver. 

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