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Cine japonés: guía de supervivencia

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La industria cinematográfica de Japón es una de las más activas y respetadas del mundo. Directores japoneses como Akira Kurosawa o Yasujiro Ozu están considerados como unos de los directores más influyentes de la historia del cine y películas como “Cuentos de Tokio”, “Rashomon” o “La historia del último crisantemo” aparecen con frecuencia en las listas de las mejores películas de todos los tiempos. El cine japonés cuenta además con numerosos géneros, como anime (animación), jidaigeki (dramas de época), chambara (historias de samurais), J-horror (terror), kaiju (monstruos), Pink films (porno), gendaigeki (dramas contemporáneos) o yakuza (películas sobre la mafia japonesa).

Desde los inicios hasta 1940

En 1897 los hermanos Lumiere enviaron a Japón a un operador de cámara llamado Gabriel Veyre, que llevaba consigo una cámara Gaumont. Con ella grabó varias películas de unos tres minutos de duración, como “Geisha in a Jinriksha”, “Kendo Combat” y “Rain Dance of Spring”. Sin embargo, la que suele considerarse la primera película de la historia del cine japonés es “Momijigari”, una cinta de 3´50”. dirigida por Shibata Tsunekichi y fechada en 1899. que reflejaba una pieza de teatro kabuki interpretada por los actores Onoe Kikugoro V y Ichikawa I.

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Matsunosuke Onoe protagonizó algunas de las películas más importantes de los primeros años del cine japonés

La primera gran estrella que surgió en el cine japonés fue Matsunosuke Onoe, y se trataba de un famoso actor de kabuki que interpretó más de mil películas entre los años 1909 y 1926 a las órdenes del director Shozo Makino. Juntos popularizaron el género jidaigeki, que retrata desde entonces dramas de época, sobre todo fechados en el período Edo (1603 – 1868).

La primera actriz que apareció en una película fue Tokuko Nagai Tagaki, que interpretó cuatro cortometrajes producidos por la estadounidense Thanhouser Company entre 1911 y 1914.

Durante aquellos primeros años y hasta el nacimiento del cine sonoro, la mayoría de las salas de cine utilizaban a benshis, unos narradores que acompañaban la película con una entonación muy dramática, junto a una orquesta que actuaba en vivo.

Por desgracia han sobrevivido muy pocas películas de aquella época, debido sobre todo a los devastadores efectos del terremoto del Gran Kanto de 1923 (que asoló Tokio y Yokohama, entre otras ciudades) y a los posteriores bombardeos del ejército de EEUU sobre Tokio durante la Segunda Guerra Mundial.

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Kenji Mizoguchi es uno de los grandes directores japoneses

A principios de la década de los 20 empezó a despuntar la obra del joven director Kenji Mizoguchi, que realizó películas como “El día en el que regresó el amor” (1922), “Escenas de la calle” (1925) o “Sinfonía de la gran ciudad” (1929). Años más tarde, en la década de los años 40, Kenji Mizoguchi dirigió sus mejores películas, como “Las hermanas de Gion” (1936), “Elegía de Naniwa” (1936), o “La historia del último crisantemo” (1939). También de esta década destacan las películas “Tsuma Yo Nara No Yoni” (1935) de Mikio Naruse, y “Ninjo Kamifusen” (1937) de Sadao Yamanaka.

Kenji Mizoguchi continuó dirigiendo películas hasta 1956 cincelando una brillante carrera y perfeccionando un estilo neorrealista famoso por su teoría “una secuencia, un plano”.

En 1943 un joven Akira Korosawa muestra su tarjeta de presentación y estrena su primer largometraje, “La leyenda del gran Judo”.

Tras la rendición de Japón el 15 de agosto de 1945 y la posterior ocupación norteamericana que se prolongó hasta 1952, el cine japonés sufrió un período de censura por parte de las autoridades norteamericanas, que limitaban la libertad de creación de los directores japoneses, sobre todo de aquellos que simpatizaban con ideas izquierdistas o nacionalistas.

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Cartel oficial japonés de “Primavera tardía” de Kenji Mizoguchi

De aquellos años pueden rescatarse la aclamada “Primavera tardía”, dirigida en 1949 por Yasuhiro Ozu y “Amor en llamas”, dirigida por Kenji Mizoguchi también en 1949.

La Eda de Oro del cine japonés: los años 50

En 1950 Akira Kurosawa estrena “Rashomon” y la película se convierte en un gran éxito de taquilla. Incluso obtiene al año siguiente el León Dorado en el Festival de Venecia y en 1952 un óscar honorífico en Hollywood, ya que en aquel año aún no existía el óscar a la mejor película extranjera. Ese éxito colocó a Akira Kurosawa en el panorama internacional y supuso también la irrupción del cine japonés en el mundo. Además lanzó al estrellato al legendario actor Toshiro Mifune.

Dos años después del estreno de “Rashomon” en Japón, en 1952, Kurosawa dirige “Vivir”, y en 1953 Yasuhiro Ozu estrena la archifamosa “Cuentos de Tokio”. A partir de ese momento, Ozu realiza una película al año, casi siempre con la productora Shochiku. La obra de Yasuhiro Ozu fue refinándose a lo largo de su carrera y progresivamente fue perfeccionando las principales señas de su inconfundible estilo: el punto de vista a muy baja altura, la cámara estática y una puesta en escena cuidada al milímetro.

En 1954 Akira Kurosawa estrena “Los siete samurais”, una de las películas consideradas más influyentes por muchos directores de cine de todo el mundo. El cine de Kurosawa influyó notablemente en la obra de directores occidentales como Francis Ford Coppola, George Lucas, Martin Scorsese, Win Wenders o Steven Spielberg. En 1954 se estrena también “Godzilla”, la película de Ishiro Honda que marcó el inicio del género kaiju, o películas de monstruos, aunque la primera entrega del monstruo más famoso de todos los tiempos merece ser considerada como mucho más que una película de ciencia-ficción, e incluía entre líneas un velado mensaje pacifista y antinuclear.

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En 1954 se estrena la primera película de Godzilla y se convierte en un claro alegato antinuclear

A pesar de sus esfuerzos, las tropas de ocupación norteamericanas no pudieron detener por completo todos los intentos de algunos directores por estrenar películas con mensajes nacionalistas sobre todo en el género jidaigeki, cuyas historias mostraban dramas de época. No obstante las autoridades estadounidenses sí prohibieron algunos temas concretos, como las adaptaciones de “Los 47 ronin”, un hecho histórico que sucedió entre 1701 y 1703 y que recrea el código Bushido de los samuráis.

Durante este década, dos películas más – “La puerta del infierno” (Teinosuke Kinugasa, 1954) y “Samurai” (Hiroshi Inagaki, 1955) – obtuvieron la estatuilla que concedía la Academia de Hollywood antes de que instaurase el óscar a la mejor película extranjera.

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Cartel oficial japonés de “La puerta del infierno” (1953), una película de Teinosuke Kinugasa

Tras la celebración en 1951 de la Conferencia de San Francisco, que formalizó el final de la ocupación norteamericana, se inició en Japón un período de libertad de expresión durante el cual muchos directores japoneses empezaron a realizar películas sobre temas hasta entonces considerados tabú, como “Los niños de Hiroshima” de Kanedo Shindo, e “Hiroshima” de Sedigawa Hideo, ambas estrenadas en 1953 y que abordaban sin complejos los terribles efectos del lanzamiento de las bombas atómicas sobre el pueblo japonés.

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Fotograma de “Los niños de Hiroshima”, una película dirigida por Kaneto Shindô en 1952

Lógicamente muchos directores aprovecharon esa etapa para relanzar el género jidaigeki, realizando varias versiones de “los 47 ronin” y realizando incontables películas con los samuráis como protagonistas indiscutibles.

En 1959 Masaki Kobayashi dirige la primera parte de su famosa trilogía, “La Condición Humana I: No hay amor más grande”, a la que seguirá también en 1959 “La Condición Humana II. El Camino hacia la Eternidad” y en 1961 “La Condición Humana III. Plegaria de un soldado”.

También en 1959 se estrena la colosal “Los tres tesoros”, dirigida por Hiroshi Inagaki y protagonizada por Toshirô Mifune. un clásico del género de aventuras que narra las aventuras del príncipe Mikoto.

La década de los sesenta: la consolidación internacional del cine japonés


El nuevo clima de libertad que se respiraba en Japón a finales de los años cincuenta vio nacer a un nuevo movimiento al que se denominó “noveru vagu” (nueva ola) y que se consagró a lo largo de la nueva década de los sesenta. Algunos de los principales directores adscritos a este movimiento fueron Nagisa Oshima, con películas como “Historias crueles de juventud” (1960) o Shohei Imamura, con “Nippon Konchuki” (1963). En 1964 “La mujer de la arena”, de Hiroshi Teshigahara ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y fue nominada al óscar al mejor director y a la mejor película en habla no inglesa. Al año siguiente la película “Kwaidan” de Masaki Kobayashi también obtuvo el Premio del Jurado de Cannes.

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Cartel oficial japonés de “Historias crueles de juventud”

En 1961 el ya consagrado Akira Kurosawa dirige “Yojimbo”, que ejerció una poderosa influencia en el western norteamericano. Entre 1962 y 1965 Kurosawa dirige tres películas: “Sanjuro”, “El infierno del odio” y “Barbarroja”.

Antes de finalizar la década de los sesenta, Yoji Yamada dirige “Otoko wa tsurai yo”, protagonizada por el actor Kiyoshi Atsumi en el papel de Tora-San. La película se estrena en 1969 y se convierte en un fenómeno social en Japón. La sucederán hasta 1997 un arsenal de secuelas, entre más de cuarenta películas, series de TV e incluso animes.

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Cartel oficial japonés de Otoko wa Tsurai yo

Entre 1970 y 1990

En 1973 Kinji Fukasaku dirige “Batallas sin honor ni humanidad”, que se convertirá en la primera de una saga de cinco películas que se conocerán como “The Yakuza papers” y que utilizarán un estilo semidocumental cargado de violencia.

En 1975 Akira Kurosawa estrena “Dersú Uzalá”, su primera película rodada en el extranjero, en concreto en la antigua Unión Soviética. Se trata de una coproducción soviética-japonesa, basada en un libro escrito por Vladimir Arséniev, que se alza con numerosos premios internacionales, incluida la estatuilla de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa.

En 1976 Nagisha Oshima dirige “El Imperio de los Sentidos”, cuyo guión se inspira en un suceso real ocurrido en Japón alrededor de 1930 y que contiene imágenes de sexo explícito que causaron una gran controversia.

En 1978 Shogoro Nishimura estrena “Dan Oniroku: Nawa-Gesho”, una de las películas más famosas de la productora Nikkatsu, que abordaba sin rodeos el tema del sadomasoquismo, y que catapultó a la fama a la actriz Naomi Tani. Este tipo de películas abren paso a un género al que se denominó roman porno, y a pesar de su crudeza supusieron un gran éxito de taquilla.

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Cartel oficial japonés de Dan Oniroku: Nawa-Gesho

En 1980 Akira Kurosawa estrena “Kagemusha, la sombra del guerrero”, una superproducción de una belleza visual apabullante y que recauda sólo en el año de su estreno más de 2.700 millones de yenes, más de 20 millones de euros. Ese mismo año Yoji Yamada dirige “Llanto de primavera”, una película tan sencilla como memorable con claras influencias del cine de Hollywood.

En la década de los ochenta el cine japonés producirá numerosas películas que triunfarán dentro y fuera de Japón, entre ellas destacan “Feliz Navidad, Mr. Lawrence”, que en realidad era una producción británica, protagonizada por David Bowie, Ryuchi Sakamoto y Tom Conti (Nagisa Oshima, 1983) y la desgarradora “La balada de Nagayama” (Shohei Imamura, 1983), que obtuvo la Palma de Oro de Cannes.

Durante esta década Studio Ghibli produjo varias películas inolvidables, como “Nausicaa del Valle del Viento” (Hayao Miyazaki, 1984), “El Castillo en el Cielo” (Hayao Miyazaki, 1986), “La Tumba de las Luciérnagas” (Isao Takahata, 1988), “Mi Vecino Totoro” (Hayao Miyazaki, 1986) y “Nicky, Aprendiz de Bruja (Hayao Miyazaki, 1989)

En 1985 Akira Kurosawa estrena “Ran”, un nuevo jidaigeki que se convierte en la película japonesa más cara jamás producida. La película obtiene veinticinco premios internacionales, entre ellos el Óscar al mejor diseño de vestuario.

En 1988 se estrena “Akira”, una película dirigida por el mangaka Katsuhiro Otomo que asombró al mundo por su estilo de anime nunca visto hasta entonces, por su trama apocalíptica y por su enorme exuberancia visual.

Los años recientes: el cine japonés triunfa en el mundo

En el comienzo de la década de los noventa irrumpe con fuerza la figura del polifacético Takeshi Kitano (actor, director, comediante, escritor, poeta, pintor, diseñador de videojuegos y profesor), que dirigirá películas como “Bulling Point” (1990), “Flores de Fuego” (1997), “El Verano de Kikujiro” (1999) o “Dolls” (2002) y que se convertirá en una referencia del género yakuza.

En el cambio de década Studio Ghibli alcanza su máxima plenitud con el éxito de películas como “La Princesa Mononoke” (Hayao Miyazaki, 1997) y su mayor éxito internacional, “El Viaje de Chihiro” (Hayao Miyazaki, 2001), que es galardonada con el Óscar a mejor película de animación.

En 1997 la jovencísima directora Naomi Kawase se convierte con veintiocho años en la cineasta premiada más joven de la historia en Cannes con su película “Suzaku”. Más tarde dirigirá películas de una factura intachable como “El bosque del duelo” (2007), “Una pastelería en Tokio” (2015) y “Hacia la luz” (2017).

En el año 2000 se estrena la controvertida “Battle Royale” (Kinji Fukasaku), que se pronto se convierte en una película de culto, sobre todo entre los más jóvenes, y que fue censurada en varios países. En 2003 se estrenará una segunda parte, “Battle Royale II: Requiem”, también dirigida por Kinji Fukasaku, con la colaboración de su hijo, Kenta Fukasasu.

El género J-horror vive una época de esplendor con el estreno de películas como “Ringu” (Hideo Nakata, 1998), que se conocerá en Occidente como “The Ring” y de la que se realizará una versión en Estados Unidos con Noemi Watts en el papel principal. También destacarán “Pulse” (Kiyoshi Kurosawa, 2001), “Dark Water” (Hideo Nakata, 2002), “Llamada perdida” (Takashi Miike, 2003) y “La Premonición” (Norio Tsuruta, 2004).

En 2013 el ya muy veterano Yoji Yamada realiza su particular homenaje a la emblemática “Cuentos de Tokio” de Yasuhiro Ozu con su película “Una familia de Tokio”. Su espectacular éxito inspiró a Yamada para realizar años después dos secuelas en tono de comedia: “Maravillosa familia de Tokio” (2016) y “Verano de una familia de Tokio” (2017). Para las secuelas reúne a los mismos actores pero con papeles distintos a los de la primera película.

En 2004 se conmemora el cincuenta aniversario del estreno de la primera película de la saga “Godzilla” y la productora Toho estrena “Godzilla: Final Wars” (Ryuhei Kitamura, 2004), la 28ª película del famoso monstruo, que se acaba convirtiendo en la película más taquillera de la saga.

También en 2004 Hirokazu Koreeda dirige “Nadie Sabe”, una historia basada en un caso real de abandono de niños en Sugamo en 1988. La película obtiene numerosos premios internacionales y sitúa a Koreeda en el punto de mira de los críticos de cine de todo el mundo. Su carrera continuará con películas de una factura extraordinaria como “Still Walking” (2008), “Air Doll” (2009), “De tal padre, tal hijo” (2013), “Nuestra hermana pequeña” (2015), “Después de la tormenta” (2016) y “El tercer asesinato” (2017).

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