“Miyazaki en Europa”, más que un libro sobre el maestro de Studio Ghibli

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Miyakaki en Europa” es el título del libro escrito por Pau Serracant, sociólogo especializado en temas de juventud, que es un apasionado de la obra de Hayao Miyazaki.

El libro es un viaje por las influencias occidentales del maestro Miyazaki, creador del Studio Ghibli y autor de películas inolvidables como “El Viaje de Chihiro”, “Mi Vecino Totoro” o “La princesa Mononoke”.

A lo largo de las páginas del libro, Pau Serracant analiza, con profusión de ejemplos, el impacto que ejerció sobre Miyazaki la obra de escritores europeos como Antoine de Sant-Exupery, Lewis Carroll o Julio Verne, de directores de animación como Paul Grimault, o de músicos como Richard Wagner.

El cine de animación del francés Paul Grimault (1905 – 1994) influyó decisivamente en la obra de Hayao Miyazaki

Pero las influencias culturales entre Japón y Occidente son de ida y vuelta desde hace varios siglos. La atracción que ejerce Japón sobre los artistas europeos se inició a finales del siglo XIX, cuando pudieron contemplarse por primera vez obras como “La gran ola de Kanagawa”, el famoso ukiyo-e de Katsushika Hukusai. Tras el inicio de la Restauración Meiji, que provocó la apertura de Japón al mundo después de casi dos siglos de aislamiento, comenzaron a arribar a los puertos europeos numerosos barcos procedentes de Japón.

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“La gran ola de Kanagawa” es una obra de Katsushika Hokusai, publicada entre 1830 y 1833

En esos barcos llegaban obras de arte y decoración que empezaron a estar muy cotizadas entre los coleccionistas europeos y que se exponían en exposiciones que eran visitadas por cientos de artistas y curiosos. Este interés desencadenó un gran interés por la cultura japonesa por parte de muchos artistas europeos, sobre todo, franceses, y desencadenó en la aparición del “Japonismo”, un movimiento artístico basado en la influencia del arte nipón sobre las artes occidentales. Vincent Van Gogh, Claude Monet, Edgar Degas, Auguste Renoir, Camila Pizarro o Gustav Klimt fueron algunos de los pintores cuya obra estuvo marcada por la influencia del arte japonés.

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“La Cortesana”, Van Gogh. La obra de Van Gogh estuvo muy influenciada durante unos años por la pintura que llegaba desde Japón.

Hayao Miyazaki quiso rescatar con su obra el espíritu del samurai, cuya traducción literal es “el que ofrece un modelo de conducta cívico para los niños”. Todas las películas de Miyazaki pretenden trasladar un mensaje inspirador para los niños, que son los principales destinatarios de sus obras. De hecho, en la mayoría de sus películas los protagonistas de sus historias son niños. Sólo hay dos excepciones: “Porco Rosso” y “El Viento se levanta”.

Otro rasgo característico de sus películas es la aparición de cuatro temáticas recurrentes: la solidaridad (“Porco Rosso”, “El Viento se levanta”), el ecologismo (“Nausicaä”, “La Princesa Mononoke”, “Mi Vecino Totoro”), el pacifismo (“Nausicaa”, “El Viento se levanta”, “El Castillo Ambulante”) y el feminismo (la mayoría de los protagonistas de las películas de Miyazaki son mujeres; además son alegres, proactivas, independientes y decididas). En este sentido, el cine de Miyazaki huye del estereotipo de chica que difundieron el manga y el anime y da vida a un modelo de heroína que contrasta dentro de una sociedad tan machista como la japonesa.

En el libro, su autor Pau Serracant también analiza la relación de Hayao Miyazaki con su pasado. Su familia regentaba una industria de fabricación de componentes para aviones y durante los años de la Segunda Guerra Mundial suministró productos para el ejército imperial japonés. Esta situación avergonzó a Miyazaki durante un largo período de tiempo y ésta es la razón por la cual prefiriera situar la acción de sus películas fuera de Japón. Con el paso de lo años, Miyazaki fue reconciliándose con sus orígenes y fue introduciendo elementos tíoicamente japoneses en sus películas, como el sintoísmo y la mitología nipona, tan presentes, por ejemplo, en “El Viaje de Chihiro” o “La Princesa Mononoke”.

Sin embargo, pese a la poderosa influencia que ha ejercido la cultura europea en su obra, Miyazaki no ha demostrado una atracción similar por la cultura norteamericana. Al contrario, incluso siempre ha parecido renegar de todo lo que provenía de Estados Unidos. Aunque hay alguna excepción, como la escritora de fantasía y ciencia ficción Ursula K. Le Guin, cuyas obras “Un mago de Terramar” (1968) o “El nombre del mundo es Bosque” (1972) también influyeron notablemente en la creación de la saga “Harry Potter” de J.K. Rowling o “Avatar” de James Cameron. Miyazaki también realiza algún pequeño homenaje a la obra de Walt Disney y de Winsor McCay.

Pero la obra de Miyazaki sí ejerció una poderosa influencia sobre la obra de un norteamericano ilustre: John Lasseter, director creativo del estudio de animación Pixar y director de películas como “Toy Story”, “Bichos” y “Cars”. El propio Lasseter ha reconocido en innumerables ocasiones su admiración por Miyazaki y sobre todo por la calidad de sus guiones, que según Lasseter son la base de las buenas películas.

En 2014 Hayao Miyazaki recibió un Óscar honorífico de manos de John Lasseter

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