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Onomatopeyas en Japón, un idioma por sí solas

Las onomatopeyas japonesas son tantas que se podrían considerar un idioma por sí solas. Si eres amante del manga y el anime, es posible que te hayas dado cuenta de que, en ocasiones, las versiones traducidas mantienen textos en japonés que están incluidos en el dibujo:

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Estos pequeños textos son onomatopeyas, y los traductores evitan retirarlas para no estropear el dibujo y también, principalmente, porque muchas no tienen traducción.

Resulta extraña, la idea que un onomatopeya no tenga traducción. Al fin y al cabo, por muy lejos que esté una cultura de otra, un cerdo es un cerdo y un avión es un avión. Entonces, ¿por qué hay onomatopeyas japonesas que no tienen traducción? Ahora lo expondremos.

Existen miles de onomatopeyas en el idioma japonés, que se clasifican en cinco grandes grupos: giseigo, giongo, giyōgo, gitaigo y gijōgo. Como podéis observar, todas tienen en común el gi- y el -go. Gi () significa pseudo, mientras que Go () significa palabra, lengua o idioma (es el kanji que se emplea para dar nombre a los idiomas y se coloca después del nombre del país, como nihongo 日本語, que significa ‘el idioma de Japón’, o supeingo スペイン語, que significa ‘el idioma de España’). Por lo tanto podemos deducir que las onomatopeyas se consideran un pseudoidioma, algo a lo que se le da mucha más importancia en Japón que en nuestra cultura.

Giseigo y giongo son las onomatopeyas que representan sonidos animales y humanos y sonidos de objetos y la naturaleza respectivamente. Son, por lo tanto, aquellas onomatopeyas que sí tienen traducción a nuestro idioma. Sei () significa voz y on () significa sonido, por lo que giseigo y giongo se podrían traducir a ‘pseudoidiomas vocales y sonoros’. Parece una idea muy compleja, pero su origen etimológico es muy lógico.

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Algunas onomatopeyas giseigo son el de la gallina ‘こけこっこ (kokekokko)’, kikiriki en español, o el de risa ‘あはは (ahaha)’, jajaja en español. Ya que representan sonidos animales y humanos, existe traducción para casi todas estas onomatopeyas, porque no se tratan de conceptos abstractos, sino concretos.

Las onomatopeyas giongo son un caso similar, por ejemplo la del trueno ‘ごろごろ (gorogoro)’, para la que no existe una traducción concreta, pero que todos entendemos si el traductor decide usar ‘¡bum!’ o ‘¡pam!’.

Aunque se considera que estas onomatopeyas son las que tienen equivalentes en otros idiomas y representan conceptos universales, algunas de ellas son excesivamente concretas. Es el caso de, por ejemplo, la onomatopeya giseigoうふふ (ufufu)’, que representa el sonido de una risa sospechosa o la onomatopeya giongoたたたた (tatatata)’, que representa el sonido de unas pisadas al correr a toda velocidad. Uno puede pensar ‘pero estas onomatopeyas existen en español’, y así es. Sin embargo, no existe una ‘oficial’ o ‘concreta’. Quizás algunos defienden que correr a toda velocidad suena como ‘panpanpan’, pero otros votan por ‘bumbumbum’. En japonés, esto no pasa. Cada onomatopeya tiene un significado concreto y exacto que todos reconocen nada más leerlo u oírlo. En español y otros idiomas una onomatopeya carece de significado sin su contexto.

Los otros tres grupos, giyougo, gitaigo y gijougo, son un poco más especiales. () significa forma, tai () significa apariencia y () significa sentimiento. Por lo tanto, giyōgo, gitaigo y gijōgo son los pseudoidiomas de las formas, apariencias y sentimientos. A nosotros nos parece una locura que algo tan abstracto como un sentimiento tenga una representación gráfica y sonora, pero en japonés son completamente naturales. Además, para los mangakas (autores de manga) estas representaciones permiten que el autor exprese ciertos matices que no podría mostrar de otra manera al tratarse de un género que carece de narración.

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Algunas onomatopeyas giyōgo son: ‘うろうろ (urouro)’, deambulando sin rumbo; ‘がくがく (gakugaku)’, articulaciones que tiemblan.

Algunas gitaigo son: ‘ぎらぎら (giragira)’, destello de ojos; ‘べとべと o (gutoguto)’, sudor o sangre pegajosa.

Y algunas gijōgo: ‘ずきずき (zukizuki)’, dolor palpitante; oうっとり (uttori)’, estar hechizado o encantado por algo hermoso.

Este sistema puede resultar excesivamente complicado, y lo es, pero también facilita la exteriorización de ciertos sentimientos que resultarían demasiado abstractos de otra manera. Cuando un escritor usa ‘zukizuki’ se asegura de que el lector entiende que un personaje está sintiendo un dolor terrible e intenso. E incluso también resulta útil a la hora de expresarse uno mismo, ya que permiten describir sensaciones y sentimientos con una sola palabra.

Por lo tanto, las únicas onomatopeyas japonesas que se podrían clasificar como ‘onomatopeyas’, teniendo en cuenta la definición española, son las giseigo y giongo. Las otras tres se traducirían a sustantivos, adjetivos, adverbios e incluso verbos.

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En cuanto a su escritura, se debe tener en cuenta el sonido a la hora de elegir qué silabario emplear. En realidad, cualquiera de los dos se puede usar para todas las onomatopeyas, pero el hiragana (ひらがな) para los sonidos suaves y katakana (カタカナ) para los sonidos fuertes. Esto no tiene nada que ver con su función original (hiragana para palabras japonesas, katakana para palabras extranjeras), sino con su grafía. El silabario hiragana tiene unos trazos más suaves y redondos, mientras que el katakana es más brusco y puntiagudo. Por lo tanto, la representación gráfica del sonido aporta aún más énfasis a la idea que se quiere expresar. 

En conclusión, las onomatopeyas japonesas merecen prácticamente un diccionario entero sólo para ellas, y es esencial estudiarlas a fondo si uno quiere entender el japonés, ya que son de uso diario. 

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