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Para acercarse a la cultura japonesa es imprescindible conocer algunos conceptos que han cincelado la identidad del pueblo nipón desde hace siglos. A continuación os explicamos algunas claves culturales que os servirán de brújula para adentraros en la cultura japonesa. Sin un conocimiento básico de estas claves es imposible entender la idiosincrasia de un país tan complejo y apasionante como Japón.

Bushido

¿Cuántas veces has oído hablar de los samurais? A los samurais se les conocía también como “bushi”, que significa “guerrero”. Entre los siglos IX y XII desempeñaron un papel protagonista en la sociedad japonesa. “Bushido” (武士道) es un término que suele traducirse como “el camino del guerrero”. Se trata de un código ético que utilizaban los samurais para guiar sus vidas y dar sentido a sus actos. Consiste en un conjunto de normas muy estrictas que exigían lealtad y honor hasta la muerte.

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Tres samurais. Fotografía tomada por el mítico fotógrafo Kusakabe Kimbei (1841 – 1934)

El bushido se inculcaba a todos los japoneses de las clases dirigentes y con el paso del tiempo se ha ido extendiendo a todos los hombres y mujeres que querían impregnar a sus vidas de valores elevados y de una conducta intachable.

El bushido ha bebido de cuatro fuentes principales: el confucianismo, del que heredó el culto y la adoración a los antepasados; el budismo, del que incorporó la aceptación de la muerte como una realidad ineludible; el zen, del que importó su búsqueda constante de la perfección; y el sintoísmo, del que integró su amor por todas los seres vivos.

El bushido es el resultado de diversas corrientes de pensamiento que se fueron integrando durante varios siglos e identificó a unos hombres que se distinguieron por tener un código moral basado en la nobleza y la lealtad.

Ese código moral del bushido reconocía siete virtudes: la justicia, el coraje, la benevolencia, el respeto, la honestidad, el honor y la lealtad.

A partir de 1600 las luchas que desangraron Japón durante siglos fueron cesando y el país empezó a evolucionar hacia una sociedad más modernizada y menos feudal. En ese nuevo contexto histórico, el papel de los samurais empezó a resultar anecdótico. En 1870 los samurais fueron oficialmente abolidos y tuvieron que buscarse nuevos empleos en las ciudades.

En la actualidad el espíritu del bushido está presente, por ejemplo, en las artes marciales o en el sumo,

Geishas

Las geishas son posiblemente uno de los iconos más populares y a la vez más controvertidos de la cultura japonesa. La palabra geisha (芸者) proviene de los fonemas chinos “Gei”, que significa “arte”, y “Sha” que significa “persona”. Es decir, una geisha puede definirse como una persona con habilidades en diferentes artes.

Su delgadez, su rostro blanquecino, su kimono o sus pasos rápidos y cortos son rasgos que siguen causando fascinación aún después de 400 años, fecha en la que se considera que surgieron las primeras geishas.

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Dos maiko maquillándose dentro del templo Kinkakuji de Kioto. Foto de Wikipedia con licencia Creative Commons

Una geisha (芸者) es una artista cuya función es entretener a sus clientes. Para ello utiliza artes como la danza, la conversación y la música, para las que es entrenada concienzudamente desde niña. Durante esa etapa de aprendizaje a las niñas y jóvenes se las conoce como maiko, y lucen vestidos, collares y peinados característicos. Alrededor de los veinte años, las maiko están preparadas para convertirse en geishas y se las considera así mediante una ceremonia denominada “erikae” (襟替え). cuyo significado literal es “cambio de cuello”. Durante la ceremonia la joven cambia el cuello rojo del kimono de la maiko por el blanco de la geisha. En Gion, el distrito de Kioto donde viven numerosas geishas, las recién iniciadas bailan una danza llamada Kurokami durante la ceremonia.

Algunas geishas cuentan con la protección de un danna, una especie de patrocinador que costea gran parte de sus gastos. Esta figura era muy frecuente en la antigüedad pero actualmente casi ha desaparecido. Los danna suelen ser hombres adinerados que quieren asegurarse una atención preferente por parte de una geisha. Los servicios que ofrece una geisha a su patrocinador se acuerdan mutuamente y pueden llegar en algunos casos a las relaciones sexuales. En este punto surge la polémica y muchas personas, sobre todo fuera de Japón, consideran a las geishas como una versión sofisticada de las prostitutas.

En cualquier caso, el código moral de las geishas es muy estricto y la vida de las geishas se rige por unas normas muy disciplinadas y rigurosas.

Sumo

El sumo (相撲) es probablemente el deporte más popular en Japón. Los campeones de sumo son estrellas mediáticas adoradas por ejércitos de fans. y a diferencia del béisbol o las carreras de caballos – los otros dos deportes rey en Japón – el sumo es autóctono del país y mantiene rasgos del sintoísmo.

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Luchador de sumo. Dibujo de Utagawa Kuniyoshi (1797 – 1861), uno de los últimos maestros japoneses de la técnica del ukiyo-e. Foto de Wikipedia bajo licencia Creative Commons

El sumo es un tipo de lucha en la que dos luchadores pugnan por enviar a su oponente fuera del dohyo, un circulo de 4,55 metros de diámetro que se enmarca dentro de un cuadrado de 6,7 metros en cada lado. Para que un luchador resulte victorioso basta con que una parte del cuerpo de su oponente, que no sea las plantas de los pies, toque el suelo fuera del dohyo.

Sólo existe una categoría llamada banzuke y todos los luchadores deben competir en la misma categoría, sea cual sea su peso.

No está permitido tirarse del pelo, atacar a los ojos o pegar con el puño cerrado.

A lo largo del año se celebran seis torneos o basho, los seis meses impares, es decir, enero, marzo, mayo, julio, septiembre y noviembre. Tres tienen lugar en Tokyo y los otros tres tienen como sedes Nagoya, Osaka y Fukuoka.

En total están registrados en Japón sesenta y seis luchadores profesionales que compiten en las dos ligas que existen.

Todos los luchadores consagran su vida al sumo y viven en un heya o gimnasio, en el que viven en comuna con una rutina muy estricta.

La reverencia en Japón

La reverencia u ojigi (お辞儀) puede parecer un saludo demasiado formal o solemne para los occidentales, pero en Japón se trata de un gesto cotidiano que se repite constantemente en todas las esferas de la vida diaria: en la familia, en la escuela, en el trabajo, en las tiendas. La reverencia es la forma habitual de saludo entre los japoneses, y existen diferentes tipos de reverencia según el momento y las personas que se encuentran.

Contrariamente a lo que piensan muchas personas en Occidente, el significado de la reverencia nada tiene que ver con la idea de humillación o sumisión. La referencia se utiliza para dar la bienvenida, para despedirse, para mostrar agradecimiento o para pedir perdón. Inclinarse ante alguien significa literalmente “entregar la cabeza” (頭を差し出す), y eso significa confiar en la otra persona. 

Los cuatro tipos de reverencia que se utilizan en Japón son:

1.   Eshaku (会釈): 15º de inclinación. Sirve para saludar a un amigo o un compañero de trabajo y también lo utiliza un superior para saludar a sus subordinados.

2.   Futsuurei (普通礼): 30º de inclinación. Se usa para saludar a un superior       

      dentro de la empresa y para dar la bienvenida a los clientes.

3.   Teineirei (丁寧礼): 45º de inclinación. Se utiliza para mostrar un

      agradecimiento sincero y profundo o para para pedir perdón.

4.   Saikeirei (最敬礼): 90º de inclinación. Sirve para pedir un favor muy

      importante o para pedir perdón tras haber cometido una falta muy

      grande.

El gesto de la reverencia está tan arraigado en los japoneses que muchos se inclinan cuando hablan por teléfono, cuando visitan las tumbas de sus antepasados o cuando van a comer en señal de agradecimiento ante los alimentos que tienen frente a ellos.

También existen diferencias entre hombres y mujeres a la hora de realizar una reverencia. Mientras los hombres se inclinan con los brazos pegados al cuerpo y las palmas de las manos pegadas a los muslos, las mujeres se inclinan cruzando ambas manos por delante.

Hiroshima

Es imposible profundizar en la identidad japonesa sin detenerse a analizar lo que significaron para el pueblo japonés las bombas atómicas lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial. Japón es el único país del mundo que ha sufrido los efectos devastadores de unas bombas atómicas sobre su suelo.

Hiroshima (広島市) es una ciudad situada en la región de Chugoku, al oeste de Japón. Es tristemente famosa por haber sido el blanco de la primera bomba atómica lanzada sobre una población habitada. La bomba fue lanzada el 6 de agosto de 1945 y tres días después, el 9 de agosto, Estados Unidos lanzó una segunda bomba sobre Nagasaki.

Ambos ataques acabaron con la vida de 246.000 japoneses, de los cuales sólo la mitad fallecieron los días de los bombardeos. El resto perdieron la vida durante los meses y años siguientes, víctimas del envenenamiento por radiación, leucemia y diversos tipos de cánceres.

El 15 de agosto de 1945, siete días después del bombardeo sobre Nagasaki, el ejército japonés anunció su rendición incondicional, lo que significó el fin de la Segunda Guerra Mundial y marcó el inicio de un periodo de ocupación estadounidense, que concluyó, siete años después, el el 28 de abril de 1952. Fue la primera y única vez que Japón ha sido ocupado por una potencia extranjera.

¿Por qué el ejército americano eligió Hiroshima para lanzar la primera bomba atómica?

El Comité para la elección de los objetivos había recomendado Hiroshima, Kioto, Yokohama y Kokura porque eran ciudades cuya superficie superaba los 4,8 km. de diámetro y donde la explosión causaría graves daños,

En 1945 Hiroshima contaba con una fuerte industria y era clave para la fabricación de armamento, albergaba un importante depósito de armas y ofrecía una estratégica salida al mar a través de su puerto de embarque. Además, las montañas que rodean la ciudad concentrarían la explosión y multiplicarían los daños.

Para los aliados era esencial que el bombardeo tuviera un efecto psicológico devastador sobre el pueblo japonés. De esa forma la rendición inmediata estaría asegurada. Finalmente Hiroshima y Nagasaki fueron las elegidas. La decisión de no lanzar la bomba sobre Kioto se atribuye a Henry L. Stimson, secretario de Guerra, que parece que pasó su luna de miel en Kioto y admiraba su belleza.

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Hiroshima: Cúpula Genbaku, un monumento a la Paz. Foto Wikipedia bajo licencia Creative Commons

La huella que han dejado sobre el pueblo japonés las dos bombas atómicas lanzadas en 1945 aún está presente en la psique colectiva. Pese a la discreción de los japoneses, su tendencia al silencio sobre el pasado imperialista del país y el aparente olvido que impusieron las autoridades, con el Emperador Hirohito a la cabeza, Hiroshima es un símbolo de la sinrazón, un monumento a la destrucción y al horror.

Los que quieran profundizar en este suceso, tan triste como determinante para el curso de la historia japonesa, no deben dejar de visitar el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima (広島平和記念資料館).

Cerezo en flor

El cerezo en flor o sakura (桜) es uno de los símbolos más emblemáticos de la cultura japonesa. Los japoneses disfrutan contemplando la floración de los cerezos en primavera y dan largos paseos para deleitarse con la belleza de ese fenómeno natural. Los parques y jardines se tiñen de blanco y rosa y las ciudades reciben esta explosión de vida con curiosidad y admiración.

La vida de la flor del cerezo es muy corta, apenas dura un par de semanas, por lo que, si viajas a Japón en primavera y quieres disfrutar de su belleza, no debes dejarlo para el último momento. Durante la primera semana las flores alcanzan su esplendor (mankai), y a lo largo de la segunda semana los cerezos van dejando caer sus hojas.

Cerezos en flor en el Parque Takaoka Kojo en Takaoka. Foto Wikipedia bajo licencia Creative Commons

Cerezos en flor en el Parque Takaoka Kojo en Takaoka. Foto Wikipedia bajo licencia Creative Commons

Durante estos días los japoneses pasean y disfrutan haciendo picnics en los parques. A esta actividad se la conoce en Japón como “hanami”, que significa literalmente “contemplar las flores”. Es una antigua tradición que aún pervive con fuerza y que demuestra una vez más la admiración del pueblo japonés por la belleza presente en la naturaleza.

Son muchos los lugares donde disfrutar del hanami se convierte en un auténtico espectáculo. Entre los más visitados cada año suelen estar el monte Yoshino, dentro de la prefectura de Nara, que cuenta con más de 3.000 cerezos; el Parque Inokashira, situado al oeste de Tokyo y conocido por albergar el Museo Ghibli, cuyo río Sakura acoge a cientos de personas que lo navegan subidos a pequeñas embarcaciones desde donde observan los cerezos de ambas orillas; y el Parque Maruyama, localizado en Kioto, en el barrio de Gion, que cuenta con un sofisticado sistema de iluminación que permite disfrutar el hanami durante la noche.

Para los japoneses la floración de los cerezos representa la fugacidad de la vida, su transitoriedad, y para muchos contiene un alto valor espiritual.

Pena de muerte

Fuera de Japón muy poca gente conoce que la pena de muerte es legal en el país del sol naciente. En un país donde los índices de criminalidad son extremadamente bajos, la pena capital se aplica en los casos de homicidio y traición. Una contradicción más en el país de los contrastes.

En la sociedad japonesa no existe un debate abierto sobre la pena de muerte, en realidad la gente muestra una sorprendente pasividad y sólo un 9,7% de los japoneses se manifiestan a favor de su abolición.

Durante la Edad Media (siglos XII – XVI) la pena de muerte estuvo prohibida y a lo largo de esos tres siglos la influencia del budismo, una religión que aborrece incluso matar animales, convivió con una fuerte tradición guerrera donde las ejecuciones estaban a la orden del día.

A partir de la Restauración Mejij (1866-1869) Japón adoptó un modelo judicial de corte occidental y en 1880 aprobó la pena de muerte. Desde la instauración de este modelo las leyes no han cambiado, pero las sentencias de muerte y el número de ejecuciones han ido variado en cada período histórico.