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“Shin Godzilla”, vuelve el monstruo más famoso de Japón

A finales del pasado mes de agosto mi hija Isabel y yo viajamos por primera vez a Japón. Imaginaos nuestra alegría – especialmente la mía, no os voy a engañar – cuando nos topamos en la cartelera tokyota con nada más y nada menos que una nueva entrega de la saga Godzilla. “Shin Godzilla” emergía ante nosotros con la misma fuerza con la que el monstruo surge en la gran pantalla de las profundidades marinas. 

Y una ocasión así se merecía una sala a la altura, así que nos fuimos a los Toho Cinemas que se encuentran en Roppongi Hills, una de las zonas más vanguardistas de Tokyo. Allí nos presentamos una noche para ver “Shin Godzilla”, y como seguro que os estáis imaginando, en japonés y sin subtítulos. La experiencia fue agridulce, no vamos a negarlo, porque por un lado no entendimos nada de los abundantes diálogos que aparecían durante la película, pero por otro, nos sobrecogió la música de Akira Ifukube, la partitura original de 1954 y los efectos especiales que mostraban a un Godzilla que mutaba a lo largo de la película y que devastaba todo lo que encontraba a su paso.

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Cinco meses después de nuestro viaje a Japón, “Shin Godzilla” se ha estrenado en las pantallas españolas y como es lógico no tardamos mucho en ir a verla, de nuevo en versión original en japonés, pero esta vez con subtítulos en español.

Shin Godzilla” (Shin Gojira, en su versión original) es la vigésimo novena entrega de la saga, la trigésimo primera, si contamos las dos producciones norteamericanas de 1998 y 2014. El proyecto puede considerarse una recreación del espíritu original de la saga iniciada en 1954, enmarcada en un ambiente post-nuclear (Hiroshima y Nagasaki, por aquel entonces, y Fukushima, en la actualidad). Incluso, la película cuenta con diversos homenajes a la primera producción dirigida por Ishiro Honda, como su impresionante banda sonora y los gritos originales del monstruo.

“Shin Godzilla” está co-dirigida por Hideaki Anno, responsable de la serie “Neon Genesis Evangelion” (1995-1996) y Shinji Higuchi, el mago de los efectos especiales y director de la celebrada “Ataque a los titanes” (2015). La película está cargada de crítica social y política, que se evidencia en las permanentes reuniones que mantienen los diversos comités de crisis que se organizan para luchar contra Godzilla: gobierno, ayuntamiento, ejército… La inoperancia de los líderes japoneses resulta irritante, a lo largo de la película se suceden interminables conversaciones inútiles, una alusión evidente a la mala gestión atribuida a las autoridades niponas durante la crisis provocada por el accidente nuclear de Fukushima en 2011. Mientras Godzilla convierte en ruinas todo lo que encuentra a su paso, los burócratas se enredan en protocolos y reuniones que desesperan al espectador.

Aunque parezca mentira “Shin Godzilla” es una película de cine político, supone una reinvención inesperada del mito creado por la productora Toho en 1954, una revisión actualizada y con dardos envenenados que van directos al inconsciente colectivo de los japoneses, donde la burocracia, el culto a la autoridad y la amenaza nuclear ocupan un espacio destacado.

“Shin Godzilla” desconcierta desde su comienzo, al igual que la primera entrega de la saga sorprendió en su día por su mensaje pacifista y antinuclear, tras la ocupación de Estados Unidos que duró hasta 1951 (aunque las tropas norteamericanas aún continúan en Japón), y tan sólo nueve años después de la rendición japonesa que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial. No en vano el gran Akira Kurosawa incluyó Godzilla en el puesto 34 en su lista de sus 100 películas favoritas.

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“Shin Godzilla” recupera ese espíritu crítico, que tanto contrasta con el universo hollywoodiense, y lo combina con ese ritmo sosegado tan característico del cine japonés. Se trata de una película impersonal, pero a la vez coral, donde los personajes no tienen un especial protagonismo, eclipsados por la sombra omnipresente de Godzilla, y nunca llegan a conectar emocionalmente con el espectador. Sin embargo, la trama va avanzando con fuerza, acompañando al monstruo en su evolución, uno de los rasgos más característicos del Godzilla contemporáneo, ya que a diferencia de sus predecesores, en “Shin Godzilla” el monstruo experimenta sucesivas mutaciones a lo largo de la historia. 

En resumen, “Shin Godzilla” plantea una nueva formulación del mito y constituye una revisión en toda regla de la metáfora más famosa del miedo japonés a la amenaza nuclear.

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Godzilla llega a Chikuzen, Fukuoka

Una gigantesca figura de Godzilla de más de 7 metros de altura y 10 de largo se exhibe desde el 1 de noviembre en una granja de la ciudad de Chikuzen, perteneciente a la prefectura de Fukuoka. La figura, fabricada con madera, bambú y paja, ha sido realizada gracias a la labor de 210 voluntarios de la zona y permanecerá expuesta hasta principios de diciembre.

Foto: © TOHO CO., LTD

Foto: © TOHO CO., LTD

La figura está basada en el último modelo de Godzilla, que aparece en la película “Shin Gojira” (Godzilla Resurgence), estrenada este pasado verano en los cines japoneses y que aún no sabemos si se estrenará en nuestras pantallas.

Un equipo de más de 20 personas participaron en el proceso de creación durante cuatro meses y un sistema de luces LED emite durante la noche un resplandor que le otorga a al figura un aire terrorífico.

Esta no es la primera estatua de Godzilla que se levanta en Japón, pero sin duda es la más ligera que se ha creado nunca. El objetivo era completarla antes del 5 de noviembre, fecha en la que se celebra la Fiesta de la Cosecha. Entre la población local crece la preocupación por las fuertes lluvias y las posibles consecuencias que pueden tener sobre la estructura de la figura. Además el riesgo de posibles incendios también es un motivo de preocupación.

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 Foto: © TOHO CO., LTD

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“Godzilla”, la película que dio origen a un mito de 45 metros de altura

“Godzilla” es una película japonesa producida por Toho Company Ltd. y dirigida por Ishiro Honda. Cuando se estrenó en Japón el 3 de Noviembre de 1954 nadie podía imaginar que “Godzilla” iba a convertirse en la primera de una de las sagas más prolíficas y famosas de la historia del cine.

La idea surgió de la mente del productor Tomoyuki Tanaka, que se inspiró en el éxito de películas estadounidenses como “King Kong” (1933) y especialmente “El monstruo de tiempos remotos” (“The Beast from 20.000 fathoms” – 1953), una cinta dirigida por Eugène Lourié, basada en un relato de Ray Bradbury y que contaba con los efectos especiales del maestro Ray Harryhausen.

Es importante situar el estreno de “Godzilla” dentro de su contexto histórico. Sólo nueve años antes, en 1945, Japón había sufrido los terribles efectos de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, que causaron más de 250.000 muertos. Durante aquellos oscuros años los japoneses estaban intentando reconstruir su país, devastado por la guerra, bajo la ocupación norteamericana y con la macabra huella de las dos bombas atómicas aún pesando sobre sus espaldas.

Dentro de ese contexto, era previsible que en la psique colectiva de los japoneses estuviera muy presente el miedo a una nueva y terrible amenaza de origen nuclear. El monstruo Godzilla – llamado “Gojira” en japonés, un nombre que fusiona dos palabras: gorira (ゴリラ) “gorila” y kujira (鯨, くじら) “ballena”, pues la primera idea de Tomoyuki Tanaka consistía en un híbrido de estos dos animales, materializó ese miedo a un nuevo ataque nuclear y constituyó la base para la creación de un mito que pudiera explicar ese miedo a las generaciones venideras de una forma sencilla.

Según el argumento de la película, unas explosiones atómicas realizadas en el mar habrían empujado hacia las costas japonesas a un animal gigantesco que había sobrevivido a los tiempos prehistóricos y que vivía oculto bajo las profundidades del mar.

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De hecho la película comienza con la misteriosa desaparición de un barco de pesca japonés llamado Eiko-Maru, una escena que seguramente se inspiró en el controvertido suceso del Daigo Fukuryū Maru (第五福龍丸), un atunero japonés que sufrió las consecuencias de la explosión de una bomba termonuclear de 15 Megatones lanzada por el ejército de EEUU en en el atolón Bikini, uno de los atolones que componen las Islas Marshall, situadas al sureste de Japón. La explosión desató una lluvia radioactiva que alcanzó a la tripulación del Daigo Fukuryū Maru, que estuvo expuesta durante varias horas a la radiación. Pocos días después, el barco arribó al puerto de Yaizu, en la costa oriental japonesa. Los 23 tripulantes del barco presentaban síntomas de envenenamiento agudo por radiación y seis meses más tarde, el radioperador jefe, Kuboyama Aikichi, falleció.

“Godzilla” pertenece al género Tokusatsu (特撮), que engloba todas las películas y series de TV realizadas con actores reales y que utilizan abundantes efectos especiales. Y dentro del género Tokusatsu, “Godzilla” pertenece a su vez al subgénero Kaiju-eiga (怪獣映画), que engloba a las películas de monstruos.

El director de efectos especiales Eiji Tsuburaya, junto al diseñador Akira Watanabe y el escultor Teizo Toshimitsu, dieron forma a la criatura que daba vida a Godzilla, partiendo de varias especies de dinosaurios.

La presión del calendario impidió que utilizaran la técnica de animación artesanal “stop-motion”, que con tanto éxito habían utilizado pioneros como Willis O’Brien, en King Kong, y sobre todo, Ray Harryhausen, que acababa de asombrar con los efectos especiales de “El monstruo de tiempos remotos”. Por eso el equipo de producción se decantó por disfrazar a un actor y crear maquetas de todos los escenarios que el monstruo destruye a su paso.

Godzilla in a scene from the film. © Toho Co. Ltd. ALL RIGHTS RESERVED

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Pero “Godzilla” es mucho más que una película, es una historia que combina una dirección ejemplar de Ishiro Honda, un guión muy sólido, escrito por el propio Ishiro Honda, Takeo Murata y Shigeru Kayama, unos efectos especiales muy convincentes para la época dirigidos por Eiji Tsuburaya, una música soberbia de Akira Ifukube y un mensaje antinuclear que caló en los corazones de los japoneses.

Por eso no es de extrañar que Akira Kurosawa incluyera “Godzilla” en su lista de las 100 mejores películas de la historia del cine.

El monstruo “Godzilla” además de ayudar al pueblo japonés a exorcizar sus miedos, también representaba a Estados Unidos, un país, que, además de estar ocupando su territorio y después de haber lanzado dos bombas atómicas sobre su suelo durante la Segunda Guerra Mundial, todavía seguía realizando ensayos nucleares no muy lejos de sus costas, práctica que siguió llevando a cabo hasta finales de los años cincuenta.

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Lejos de ser un producto cinematográfico de segunda categoría, “Godzilla” se ha convertido en uno de los iconos más populares de la cultura de masas japonesa y también en una de las sagas más longevas que existen (hasta la fecha 31 secuelas). Además su imagen se explota desde entonces en todo el mundo a través de comics, libros, videojuegos, revistas y merchandising.

En EEUU se estrenó el mismo año, 1954, una versión de la película renombrada como “Godzilla: King of the Monsters”, a la que se añadieron nuevas escenas rodadas en inglés donde se mostraba a un reportero americano interpretado por Raymond Burr (Ironside), y en la que se censuraron todas las referencias a las bombas atómicas.

En España se estrenó poco después con el título de “Japón bajo el terror del monstruo”.

Pero “Godzilla” es mucho más que todo eso, “Godzilla” – y en esto se diferencia de sus secuelas – se ha convertido en un alegato antibelicista, una metáfora del horror atómico vivido por la sociedad japonesa a mediados del siglo XX, y ha ido ejerciendo a lo largo de los años una función sanadora sobre el pueblo japonés, liberándole de sus miedos más profundos.

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