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El sintoísmo: la morada sagrada de los kami

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El sintoísmo, la fe autóctona de Japón, es una de las religiones más desconocidas del mundo. Entenderla a fondo quizás sea imposible para los occidentales, ya que está íntimamente enraizada con la historia del pueblo japonés y exige una familiarización con su cultura y con alguna de sus costumbres milenarias.

Sin embargo, quizás por esa irresistible mezcla de misterio y sencillez que esconde, el sintoísmo atrae desde el primer momento a los occidentales. Pero por desgracia no existe mucha literatura fuera de Japón que compile los rasgos fundamentales del sintoísmo y que permita al profano lleno de curiosidad adentrarse en una religión tan fascinante como misteriosa. Y por si fuera poco, no existe una interpretación unánimemente aceptada.

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Por esa razón fue para nosotros una grata sorpresa encontrar en las estanterías el libro “Sintoísmo. La vía de los kami”, una pequeña joya publicada por la Editorial Satori – qué sería de nosotros, los amantes de la cultura japonesa, si no existiera esta editorial gijonesa – y que apareció en febrero de este año.

Sintoísmo. La vía de los kami” está escrito por Sokyo Ono, catedrático de la Universidad Kukugakuin Daikaku, la universidad sintoísta de Tokio y es conferenciante habitual de la Asociación Nacional de Santuarios Sintoístas. Sokyo Ono concibió el libro como una guía introductoria que sirviera de ayuda a los occidentales y por eso utilizó un estilo sencillo y directo.

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En Japón el sintoísmo se conoce con el vocablo Shintō, que se traduce como “el camino de los kami”. Shintō se compone de dos ideogramas:  (shin) que significa “kami”, y (to) que equivale a “camino”. El sintoísmo se caracteriza por la veneración a los kami.

A diferencia del cristianismo, el islam o el budismo, en el sintoísmo no existe una figura fundadora, como Jesucristo, Mahoma o Buda Gautama, ni tampoco existen unas escrituras sagradas, como la Biblia, el Corán o los Sutras, aunque sí existen textos antiguos como el Kojiki (Crónica de antiguos hechos de Japón), que data del año 712 de la era cristiana; el Nihongi o Nihon Shoki, (Crónicas nacionales), que se remonta al año 720; el Kogoshoui (Recopilación de historias antiguas), escrito en 807 y el Engi Shiki (Leyes detalladas del período Engi), que data del año 927. Sin embargo estos textos no son textos canónicos y distan mucho de contener revelaciones o mandamientos divinos, las escrituras sintoístas son en realidad registros históricos que reflejan las formas más antiguas de veneración a los kami. ¿Pero qué son exactamente los kami?

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Los kami

Desde tiempos inmemoriales el pueblo japonés ha venerado a unas divinidades llamadas “kami”, que surgieron en el principio de los tiempos y que se cuentan por millones. Los kami son espíritus nobles y sagrados que están presentes en todos los seres. También los kami hacen relación a cualidades como el crecimiento, la fertilidad o la prosperidad; fenómenos atmosféricos, como el viento o el trueno; elementos de la naturaleza, como el sol, los árboles, las montañas, los ríos o las rocas, y también a los espíritus de los antepasados.

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En el sintoísmo no existe tampoco la figura de una deidad absoluta, creador de todas las cosas y que gobierna sobre ellas. El acto de la creación se entiende como el resultado de la cooperación entre todos los kami, una creencia que sin duda ha perfilado el carácter del pueblo japonés, que se refleja en su culto al colectivo por encima del individuo.

Son muy importantes los kami protectores, que custodian objetos o fenómenos como el arroz, el agua o la curación; también existen kami ancestrales, que protegen a un grupo, territorio o clan familiar. A los protectores de los clanes se les conoce comúnmente como ujigami y son venerados en los santuarios.

Los santuarios

El propósito principal de los santuarios sintoístas es constituir una morada para uno o más kami. La presencia simbólica de los kami se refleja en el shintai (cuerpo divino), un objeto sagrado que se encuentra en la cámara interior del templo. Los santuarios están muy vinculado con la naturaleza y siempre están relacionados con el espacio natural que los acoge. Se sitúan en emplazamientos naturales de gran belleza, rodeados de arboles, ríos o en la costa.

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Un santuario consta de un oratorio, situado frente al santuario principal, un pabellón para las abluciones y varios edificios auxiliares. Algunas veces también hay un salón de ofrendas y un espacio para recitar oraciones.

Los torii

Los torii son puertas que indican la entrada a los santuarios y separan el mundo terrenal del espacio divino, el mundo de los kami. Existen más de veinte tipos de torii y por lo general están fabricados con madera, aunque en las últimas décadas se han utilizado otros materiales como piedra, metal u hormigón. En el Japón antiguo los torii se encontraban por todas partes, pero en 1884 se decretó que su uso iba a ser exclusivamente religioso y debería restringirse a los santuarios sintoístas. En algunos santuarios se anima a los devotos a levantar torii para realizar ofrendas a los kami. Son famosas los miles de torii, que dan la bienvenida en el santuario Fushimi Inari Taisha de Kioto, que han sido financiadas por muchas empresas en busca de la prosperidad para sus negocios.

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Los símbolos

El espejo:

Se trata de un símbolo muy importante en el ritual sintoísta. Simboliza la realidad tal y como es, no esconde nada, muestra tanto lo bueno como lo malo, tanto lo correcto como lo incorrecto, sin trampas, nunca miente. Representa la mente inmaculada del kami, El espejo es el símbolo sagrado del Gran Santuario de Ise y de muchos otros templos

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Gohei:

Es una vara que sostiene unas tiras de papel, que suelen ser blancas, dispuestas en diagonal y que constituye una ofrenda simbólica. También indica al devoto la presencia de un kami. Por lo general se encuentra sólo un gohei en cada santuario, aunque en los santuarios que acogen a varios kami hay un gohei por cada kami.

Haraigushi:

Se trata de una vara, que descansa sobre un soporte, y de la que cuelgan numerosas tiras de papel o de lino y que se usa en el rito de la purificación. El sacerdote retira la vara de su soporte y se sitúa con ella frente al devoto u objeto que debe ser purificado. En primer lugar agita la haraigushi a su derecha, a continuación a su izquierda, y por último por detrás de su hombro izquierdo.

Estandarte:

Los estandartes simbolizan la presencia de los kami y son también ofrendas para ellos. Algunos muestran dibujos de animales o figuras que representan al sol, a las nubes o a la luna. Tienen un carácter ornamental por encima de simbólico.

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Espada, lanza y escudo:

Son tres símbolos muy presentes en la iconografía sintoísta. Suelen colgarse de los estandartes y representan tanto el poder de los kami para preservar la paz y la justicia como su propio poder para defender a los kami. Hay estudiosos que aseguran que la espada, la lanza y el escudo simbolizan la sabiduría, benevolencia y valentía.

Shimenawa:

Se trata de una cuerda sagrada de la que cuelgan tiras de papel y que suele dar la bienvenida a los devotos en la entrada del santuario. Suele indicar el lugar en el que reside el kami, aunque también puede señalar objetos que se ofrecen al kami

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En próximos posts profundizaremos en otros aspectos del sintoísmo, como las festividades, los tipos de sintoísmo o su estructura organizativa.

La religión en Japón: sintoísmo y budismo

Muy pocos japoneses declaran ser religiosos, pero la realidad es que la mayoría practican ritos religiosos por costumbre, superstición o apariencia. El sintoísmo y el budismo, las dos religiones mayoritarias, cohabitan en armonía  desde hace siglos constituyendo un ejemplo de tolerancia para todo el mundo. Pese a la omnipresencia del consumo y la tecnología, la religiosidad impregna numerosas actividades de la vida de los japoneses aunque pocos se consideran religiosos. Incluso muchas familias cuentan con un pequeño altar en sus hogares.

Las nuevas generaciones, sobre todo en las grandes ciudades, consideran la religión como una tradición propia de los mayores y poco a poco se van alejando de las prácticas religiosas.

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Los torii son puertas que separan el mundo material del mundo sagrado

Sintoísmo

También se le conoce como Shinto (神道), que significa “el camino de los dioses”. Es el culto autóctono de Japón. Se trata de una religión politeísta que rinde culto a los kami (神) o espíritus presentes en la naturaleza. Los kami adquieren formas de fenómenos naturales o ideas, como la lluvia, el viento, la nieve o la fertilidad. Existen kami benévolos, como Inari (稲荷), el dios del arroz, la fertilidad, la agricultura o el éxito; o malévolos como los tengu (天狗), demonios peligrosos y destructivos. Hay miles, millones, según el sintoísmo cada árbol, cada objeto esconde a un kami.

Amaterasu saliendo de la cueva - Foto Wikipedia

Amaterasu saliendo de la cueva – Foto Wikipedia

El sintoísmo carece de fundador o de un dios predominante, es una forma depurada de animismo que venera a los antepasados y, aunque sólo tres millones de japoneses están oficialmente registrados como sintoístas, esta religión está presente en numerosas actividades de la vida diaria de todos los japoneses, siendo un rasgo esencial de la identidad cultural del pueblo nipón. El sintoísmo ha proporcionado a los japoneses un código de valores, ha cincelado sus hábitos y ha influido profundamente en su forma de pensar.

En el sintoísmo tanto hombres como mujeres pueden ordenarse sacerdotes e incluso pueden tener hijos. Se trata de una religión optimista, que piensa que el ser humano es bueno por naturaleza y que cuando obra de forma incorrecta es debido a la influencia de los malos espíritus.

Existen muy pocos textos sagrados, los más importantes son Kojiki (古事記) y Shoku-Nihongi (続日本紀), ambos escritos durante el siglo VIII, aunque seguramente se escribieron anteriormente. Los dos son libros que unen historia y fábula a partes iguales y narran los hechos más antiguos de Japón.

Por toda la geografía japonesa, y siempre ubicados en entornos naturales, pueden encontrarse templos sintoístas. Algunos son grandes construcciones de una singular belleza, como el famoso torii flotante de Itsukushima o el inabarcable Fushimi Inari-Taisha, con sus más de 10.000 torii.

Fushimi Inari-Taisha es el principal santuario sintoísta dedicado al espíritu de Inari. Se encuentra en Fushimi-ku, uno de los distritos de Kioto

Fushimi Inari-Taisha es el principal santuario sintoísta dedicado al espíritu de Inari. Se encuentra en Fushimi-ku, uno de los distritos de Kioto

Budismo

El budismo entró en Japón en el siglo VI. En aquella época el budismo se había dividido en tres corrientes principales – Theravāda, Mahāyāna y Vajrayāna – que se fueron extendiendo desde la India hacia el este de Asia a partir del siglo V. El Budismo Mahāyāna, una corriente que promueve la investigación para descubrir la verdad, sin prejuicios y con total libertad, fue la rama que llegó a Japón y fue introducido por monjes coreanos y chinos. Para ser precisos, esta rama del budismo se asemeja más a una filosofía que a una religión.

El gran buda de Nara, albergado en el Todai-ji

El gran buda de Nara, albergado en el Todai-ji

Tras unos conflictos iniciales con el sintoísmo, el budismo fue calando entre la población y pronto empezó a mezclarse y complementarse con el sintoísmo.

En el siglo V diversos grupos de misioneros llevaron a Japón el pensamiento de un monje indio llamado Bodhidharma, vigésimo octavo patriarca del budismo y fundador de una escuela conocida como budismo Zen. En la actualidad las figuras Daruma, unos muñecos muy populares en Japón, rinden homenaje a Bodhidharma. El zen busca la experiencia de la sabiduría más allá de un discurso racional y la meditación desempeña un papel muy importante.

Desde su introducción en Japón hasta nuestros días el Budismo ha asistido al nacimiento de numerosas escuelas y corrientes que han influido en la vida política, económica y social.

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Cristianismo

El cristianismo llegó por primera vez a Japón en 1549 de la mano de misioneros portugueses y españoles, sobre todo de la orden de los jesuitas. En un principio, las autoridades japonesas vieron en el cristianismo una forma de contrarrestar la expansión del budismo, pero poco después empezaron a percibirlo como una amenaza al comprobar los movimientos imperialistas de los países europeos dentro del continente asiático.

La desconfianza llegó hasta tal punto que en el siglo XVII, durante la era Tokugawa, el cristianismo fue prohibido y se inició un periodo de crueles persecuciones en las que fueron ejecutados cientos de misioneros. Esta situación se prolongó hasta finales del siglo XIX, cuando se acordó en 1889 la libertad de religión.

De 1900 a 1930 surgieron varios movimientos cristianos interesantes como el Movimiento de la No-Iglesia o Mukyokai, una escuela que fusionaba la sensibilidad japonesa con el protestantismo y que huía de toda organización jerárquica, templos y sacerdotes.

Durante la II Guerra Mundial volvió a ser perseguido y desde 1947, tras la ocupación norteamericana, el cristianismo está considerado como una religión permitida en todas sus formas y manifestaciones.

En la actualidad el 1% de los japoneses se considera cristiano, pero fiestas como la Navidad o San Valentín son celebradas por la mayoría de la población.

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La catedral de Urakami, también conocida como la Catedral de Santa María, se encuentra en Nagasaki

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El arte de copiar en Japón

En Occidente, copiar siempre inspira connotaciones negativas. Sin embargo, en Japón copiar es una búsqueda de la perfección, un camino sin fin hacia la excelencia. En el país del sol naciente una copia es un reflejo mejorado, una proyección más bella que el original. ¿A qué se debe que los japoneses copien, adapten y mejoren como nadie?

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Hasta el siglo IV el idioma japonés era un idioma sin escritura, sin alfabeto, y el conocimiento se transmitía a través de la lengua hablada, no existían libros, ni manuscritos. Los japoneses, en vez de inventar un nuevo sistema de escritura, decidieron importar los ideogramas hanzi de la escritura china. Estos caracteres no se ajustaban completamente a las necesidades idiomáticas del japonés, por lo que debieron ser adaptados y ampliados transformándose en los kanji, que actualmente conocemos como base de la escritura japonesa. Además, este sistema se completó en los siglos posteriores con tres alfabetos más: hiragana, katakana y romaji.

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En la religión japonesa sucede algo parecido. El sintoísmo es la religión nativa de Japón, nunca llegó a extenderse a ningún otro lugar del mundo. A pesar de esa omnipresencia en todo el archipiélago japonés desde hace miles de años, el sintoísmo fue permeable a las influencias del confucianismo y el budismo, religiones que llegaron a las islas en torno al siglo I. No sólo conviven desde entonces, sino que en muchos aspectos de la vida diaria, estos tres pensamientos se han fusionado constituyendo un ejemplo de tolerancia único en el mundo. Con el tiempo, el budismo, además, se perfeccionó creando una rama más depurada, más refinada, la corriente que se conoce como “budismo zen”. El príncipe Shotoku, que vivió a principios del siglo I, afirmó que “la religión japonesa era un árbol an el que el sintoísmo era el tronco, el budismo las ramas y el confucianismo, las hojas”.

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La cocina japonesa, probablemente la cocina más variada y exquisita del mundo, también importó ideas e ingredientes de otras culturas. La sopa Ramen, aunque es uno de los platos más populares de Japón, es de origen chino, no se conoce a ciencia cierta cuando se introdujo en el archipiélago, pero en la actualidad existen numerosas variedades de Ramen que pueden encontrarse en todos los rincones. Incluso existe un Museo del Ramen, ubicado en la ciudad de Yokohama.

Otro ejemplo dentro de la cocina japonesa es el curry, una mezcla de especias picantes de origen indio, que ha dado lugar a una amplia variedad de platos que combinan diferentes alimentos como pollo, mariscos o pato. El curry fue introducido en Japón por los ingleses durante la Era Meiji (1869-1913), años en los que la India formaba parte del Imperio Británico. Una vez más, los japoneses no se conformaron con importarlo, lo adaptaron y lo mejoraron, creando una amplia variedad de platos, entre los que destaca el maree raisu, arroz blanco con curry, aunque también existen platos basados en curry que no utilizan arroz, como el karē udon (fideos gruesos) o el karē-pan (pan de curry). Y no podemos olvidar las hamburguesas, un plato que introdujeron los americanos durante la ocupación posterior a la II Guerra Mundial y que los japoneses mejoraron creando variedades como hanbāgu. Han acabado siendo tan populares las hamburguesas en Japón que sólo Mcdonald´s ha podido resistir el embate de los restaurantes locales, que han acabado desterrando a gigantes como Burber King o Wendy, que tuvieron que abandonar Japón. 

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También podemos citar los famosos konbini, las tiendas 24 horas que proliferan por todas las ciudades de Japón. El primer konbini lo abrió la cadena 7 Eleven en 1974 y desde entonces se han abierto más de 50.000 establecimientos de varias marcas por todo el país. No sólo los japoneses mejoraron el concepto norteamericano de las convinience stores – a las que ellos rebautizaron “konbini” – sino que un grupo de empresarios japoneses incluso llegaron a comprar la empresa 7 Eleven en 2005.

Otro caso interesante es el manga. Osamu Tezuka, el padre del manga, creó un nuevo estilo narrativo en los años 50, mezclando las técnicas de las películas de Disney con los cómics americanos. Tezuka era un gran admirador de las películas de animación y quiso trasladar esa expresividad al papel dando vida a un nuevo género narrativo que entusiasma hoy a millones de personas de todo el mundo.

Osamu Tezuka, el padre del manga. Foto: Wikipedia

Osamu Tezuka, el padre del manga. Foto: Wikipedia

Y la lista no acaba ahí. Podemos incluir también el archifamoso sushi, que en realidad surgió en China como método para mantener el pescado fresco. Pero quizás el caso más llamativo sea el Santuario de Ise. uno de los templos sintoístas más venerados de Japón. Cada veinte años el santuario es derruido para volver a construirlo piedra a piedra, porque según el sintoísmo la naturaleza muere y renace cada veinte años. Como la primera reconstrucción fue ordenada por la Emperatriz Jitō en 692, el Santuario de Ise ha sido reconstruido más de 60 veces.

Los japoneses incluso han inventado una palabra para definir este proceso de adaptación y mejora, lo denominan “iitoko-tori”, que significa literalmente “coger las cosas buenas”. ¿Pero por qué los japoneses no tienen ningún reparo a la hora de integrar ideas surgidas en otros lugares? Probablemente la razón se encuentre en su concepto de la humildad. Los occidentales somos más individualistas y egocéntricos, mientras que los japoneses piensan más en el colectivo y no se identifican tanto con sus obras. Esa visión, tan alejada del ego, permite percibir las innovaciones exteriores como oportunidades y nunca como amenazas.

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A lo largo de su historia los japoneses han sabido importar nuevas ideas, adaptándolas a sus necesidades específicas. Y siempre las han mejorado gracias a esa mezcla tan nipona de sacrificio, paciencia y humildad.