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“Hiroshima”, el reportaje que cambió la opinión mundial sobre la bomba atómica

El 31 de agosto de 1946 la revista The New Yorker publicó un reportaje que está considerado hoy como el mejor artículo del periodismo estadounidense del siglo XX. 

Su autor fue John Hersey, un corresponsal de guerra y escritor galardonado con el Premio Pulitzer. En la primavera de 1946 recibió un encargo de la revista The New Yorker: viajar a Hiroshima con el objetivo de escribir un artículo que narrase el estado de devastación en el que se encontraba la ciudad japonesa tras el bombardeo atómico que sufrió unos meses antes, el 6 de agosto de 1945.

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John Hersey fotografiado por Carl Van Vechten. From Wikimedia Commons

Aquel artículo de 30.000 palabras y titulado simplemente “Hiroshima” alcanzó en pocos días una amplia repercusión en Estados Unidos y conmocionó a la opinión pública al revelar sin paños calientes las terribles consecuencias del bombardeo de Hiroshima.

En mayo de 1946 John Hersey viajó a Japón y durante tres semanas estuvo entrevistando a numerosos supervivientes del holocausto nuclear, comprobando sobre el terreno los horribles efectos de la bomba atómica. Durante su viaje cayó en sus manos el libro “El puente de San Luis Rey”, escrito por el novelista norteamericano Thorton Wilder, hijo de un diplomático que vivió durante su infancia en diversas ciudades de Asia. La estructura narrativa de la obra de Wilder, articulada sobre los testimonios de cinco personajes que cruzaron el puente de San Luis Rey, ubicado en la ciudad de Lima, justo cuando se desplomó durante el Virreinato del Perú bajo el Imperio Español en el siglo XVIII, inspiró a Hersey para dar forma a su artículo sobre la bomba de Hiroshima, El enfoque de la novela de Thorton Wilder, centrado en las personas, cambió la primera idea de Hersey, que pretendía centrarse en los lugares y las instalaciones. Estas decisiones de última hora supusieron una pequeña revolución en el estilo del periodismo de la época.

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La ciudad de Hiroshima fotografiada en octubre de 1945, dos meses después del lanzamiento de la bomba atómica. From Wikimedia Commons

Los personajes de “Hiroshima”

Durante su viaje John Hersey entrevistó a numerosos supervivientes del bombardeo y convirtió los seis testimonios más aterradores en la base de su reportaje.

Dr. Masakuzu Fujii: un médico brillante y pragmático que dirigía un hospital cerca del río Kyo y que sobrevivió gracias a que durante la explosión se encontraba fuera del hospital

Dr. Terufumi Sasaki: un joven médico de 25 años muy idealista que trabajaba para Cruz Roja y atendía a muchos pacientes gratuitamente , y que la mañana del 6 de agosto no cogió su tren habitual

Padre Wilhelm Kleinsorge: sacerdote jesuita alemán de 38 años con una salud frágil y enfermiza que sufrió los efectos de la radiación

Toshiko Sasaki: una joven de 20 años, empleada de una fábrica que se encontraba a un kilómetro del epicentro de la explosión y que sufrió una grave lesión en una pierna

Hatsuyo Nakamura: viuda de un sastre y madre de tres hijos que sufrió graves quemaduras y bebió agua contaminada

Reverendo Kiyoshi Tanimoto: pastor de la Iglesia Metodista que contrajo el síndrome de irradiación aguda por los efectos de la bomba

Los relatos de estos seis personajes configuraban un mosaico narrativo que permitía a John Hersey mostrar los efectos de la bomba de Hiroshima con un dramatismo y una emotividad nunca antes vistos en un reportaje periodístico.

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Artículo de John Hersey publicado en la revista The New Yorker

La censura norteamericana sobre el bombardeo de Hiroshima

Pocas semanas después, Hersey terminó su reportaje y en el último momento decidió no enviarlo desde suelo japonés. Sospechaba que las autoridades militares estadounidenses que dirigían la ocupación del archipiélago no iban a permitir que el texto saliera rumbo a Nueva York. Las fuerzas de ocupación ya habían incautado anteriormente fotografías, películas y reportajes que mostraban la realidad de Hiroshima con el objetivo de ocultar a la opinión pública norteamericana las terribles consecuencias del bombardeo atómico. El gobierno de Estados Unidos, presidido por Harry Truman, había dictado la orden de no mostrar a la población estadounidense los espeluznantes efectos de la bomba atómica sobre los seres humanos. Temían que pudiera crearse una corriente de opinión contraria a sus políticas militaristas y decidieron endulzar con una interpretación manipulada uno de los sucesos más horribles que ha protagonizado la raza humana a lo largo de su historia y que provocó la muerte a más de 160.000 personas.

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Vista aérea de Hiroshima en noviembre de 1945.Licencia: Hiroshima Peace Memorial Museum/US Army/Reuters

Así que Hersey se arriesgó a viajar a Nueva York desde Japón con el reportaje escondido en su equipaje y por suerte para la historia de la humanidad el periodista sorteó todos los controles. Si no hubiera sido por esa valiente decisión es posible que nunca hubiésemos sabido lo que ocurrió realmente en Hiroshima aquel 6 de agosto de 1945.

Cuando por fin Hersey llegó a Nueva York, los editores de The New Yorker, Harold Ross y William Shawn, supieron inmediatamente que tenían en las manos un reportaje extraordinario y decidieron preparar la edición bajo el más estricto secreto. Además tomaron otra decisión sin precedentes: iban a dedicar un número en exclusiva al reportaje, que recordemos que contaba con nada menos que 30.000 palabras.

La reacción de los lectores del artículo de John Hersey

Por fin el 31 de agosto de 1946 el artículo de John Hersey vio la luz con el sencillo título de “Hiroshima”. El The New Yorker lanzó una tirada de 300.000 ejemplares, que se agotaron en pocos días y a lo largo de las siguientes semanas el artículo también fue reproducido en otros muchos periódicos y revistas de todo el mundo. Incluso Albert Einstein intentó adquirir sin éxito 1.000 ejemplares del The New Yorker para enviarlos a sus colegas científicos y no tuvo más remedio que recurrir a copias.

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Licencia: Hiroshima Peace Memorial Museum/Gonishi Kimura/Reuters

El reportaje fue leído por millones de personas en todo el mundo y su repercusión fue espectacular. Su estilo narrativo, centrando la atención en personas inocentes – sacerdotes, secretarias, médicos, padres de familia -, gente normal y corriente cuyas vidas se vieron destrozadas por el lanzamiento de una bomba atómica, mostró al mundo la auténtica dimensión del terror que vivieron los habitantes de Hiroshima.

Hasta entonces jamás un reportaje periodístico había alcanzado una repercusión de tal magnitud, y millones de personas fueron conscientes gracias a John Hersey del peligro que encerraba la energía atómica para la humanidad.

El texto íntegro del reportaje se publicó más tarde convertido en un libro que contribuyó a aumentar la difusión del mensaje de John Hersey. 

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“Hiroshima” fue publicado como libro en todo el mundo